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Tlaquepaque da su propio Grito: una noche de tradición, música y orgullo mexicano

Entre artesanías, música y miles de visitantes, Tlaquepaque volvió a celebrar su Grito días después del 15 de septiembre.

En Tlaquepaque la fiesta patria no termina cuando termina el 15 de septiembre. Aquí, la celebración tiene su propio tiempo, una costumbre que durante generaciones ha convertido los días posteriores a la fecha nacional en una oportunidad para volver a reunirse en el Centro Histórico, caminar entre sus calles, escuchar música y celebrar a México desde una identidad muy propia.

La noche del sábado 19 de septiembre, esa tradición volvió a tomar las calles. Desde temprano, familias, visitantes y habitantes comenzaron a concentrarse alrededor del corazón de San Pedro Tlaquepaque. El Jardín Hidalgo, la Presidencia Municipal y los espacios cercanos fueron tomando el ambiente de una gran verbena mexicana.

El centro del Pueblo Mágico se convirtió nuevamente en escenario de música, gastronomía, artesanías y convivencia. De acuerdo con reportes posteriores al festejo, más de 50 mil personas acudieron a la celebración.

La noche tuvo música desde antes de la ceremonia. Ada Olea abrió el programa y posteriormente Grupo Liberación tomó el escenario para acompañar una celebración que, más allá del acto protocolario, tiene mucho de encuentro familiar y de paseo por uno de los lugares más visitados de la Zona Metropolitana de Guadalajara.

Y eso es parte de lo que hace particular al Grito de Tlaquepaque. Quien llega al municipio no solamente encuentra una plaza donde se realiza una ceremonia cívica. Encuentra un lugar cuya identidad está estrechamente ligada con la artesanía, la cerámica, la gastronomía, las galerías, los museos y sus calles peatonales.

Tlaquepaque recibió la denominación de Pueblo Mágico en 2018 y el propio municipio destaca que su Centro Histórico es reconocido por su arte, historia y tradición. Su vocación turística también está relacionada con los talleres artesanales, la gastronomía y los recorridos por sus espacios culturales.

Por eso, una noche como la del Grito termina siendo también una oportunidad para que el visitante conozca otra cara de la celebración mexicana. Entre los escenarios y la música aparecen los negocios, restaurantes, galerías y talleres que forman parte de la vida cotidiana del municipio.

El atractivo turístico no es menor. Durante Semana Santa y Pascua de este mismo año, Tlaquepaque reportó aproximadamente 150 mil visitantes y una derrama superior a 100 millones de pesos. En 2025, durante el periodo vacacional de verano, el municipio informó más de 405 mil visitantes nacionales e internacionales.

Pero si algo distingue esta celebración es que no se trata simplemente de una fecha cambiada en el calendario.

La tradición de realizar el Grito después del 15 de septiembre tiene antecedentes que se remontan aproximadamente a 1870. La explicación histórica señala que, en aquellos años, buena parte de los habitantes acudía a las celebraciones que se realizaban en Guadalajara, por lo que en Tlaquepaque se decidió hacer la ceremonia posteriormente para permitir que la población pudiera participar en ambas fiestas.

Con el paso del tiempo, aquella decisión práctica terminó convirtiéndose en una costumbre. Lo que alguna vez permitió que los habitantes acudieran primero a la celebración de Guadalajara y después regresaran a su municipio terminó formando parte de la identidad de Tlaquepaque.

Y la relación de Tlaquepaque con la Independencia va incluso más atrás.

El 13 de junio de 1821, meses antes de la consumación de la Independencia de México, el general brigadier Pedro Celestino Negrete declaró en Tlaquepaque la Independencia de la Nueva Galicia y su adhesión al Plan de Iguala. El acontecimiento ocurrió en una finca ubicada en lo que actualmente es el Andador Independencia. El municipio conmemora cada año aquel episodio como parte de su propia historia.

Así que cuando las campanas repicaron la noche del sábado y comenzaron las arengas patrias desde el balcón de la Presidencia Municipal, la celebración tenía un significado que iba más allá del espectáculo.

La presidenta municipal Laura Imelda Pérez Segura encabezó la ceremonia ante una explanada abarrotada. Durante el acto fueron recordados personajes de la Independencia como Miguel Hidalgo, Josefa Ortiz, Ignacio Allende, Leona Vicario, José María Morelos, Manuela Medina, Vicente Guerrero y la jalisciense Rita Pérez Jiménez.

Después llegó uno de los momentos más esperados: el repique de campanas, el tradicional “¡Viva México!” y un espectáculo de pirotecnia acompañado por video mapping con imágenes relacionadas con la historia nacional y el papel de Tlaquepaque en el proceso independentista.

Y entonces la noche volvió a cambiar.

Con la ceremonia concluida, Espinoza Paz apareció ante una explanada llena para cerrar la celebración con música regional mexicana. El cantautor sinaloense fue el encargado del cierre después de las presentaciones de Ada Olea y Grupo Liberación.

Para quienes llegaron desde otros puntos de la ciudad, la experiencia fue también una invitación a recorrer Tlaquepaque de noche: caminar por el Andador Independencia, acercarse al Jardín Hidalgo, entrar a alguno de sus espacios culturales, buscar una pieza artesanal o sentarse a comer mientras la música seguía alrededor.

Ese es uno de los elementos que explican por qué las celebraciones de Tlaquepaque tienen una dimensión turística. El municipio ha construido buena parte de su atractivo alrededor de una identidad artesanal que se mantiene viva. La cerámica, el vidrio, la madera, los textiles, la metalistería y otras expresiones forman parte de la oferta que distingue al Pueblo Mágico.

La noche del Grito terminó así como empezó: entre familias, música, luces y calles llenas. Pero también dejó una imagen de lo que Tlaquepaque ha conseguido conservar a través del tiempo.

Mientras en otros lugares la fiesta patria termina el 15 de septiembre, en este municipio alfarero la celebración se prolonga unos días más. Una antigua decisión para dar oportunidad a sus habitantes de participar en los festejos de Guadalajara terminó convirtiéndose en una tradición propia.

Y cada septiembre, cuando el centro vuelve a llenarse y desde el balcón se escucha el “¡Viva México!”, Tlaquepaque demuestra que algunas tradiciones no necesitan repetirse exactamente el mismo día para seguir siendo parte de la memoria de una comunidad.

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