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PISA vuelve a poner a prueba la educación de México: ¿qué dicen realmente los resultados?

México retrocedió en matemáticas y lectura, mientras Jalisco presume mejores resultados con su propia evaluación educativa.

La educación mexicana volvió al centro de la conversación nacional después de que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) publicó los resultados de PISA 2025, una evaluación internacional que permite conocer qué tan preparados están los estudiantes de 15 años para utilizar sus conocimientos frente a problemas de la vida real.

Los resultados dejaron una fotografía incómoda para México: siete de cada 10 estudiantes no alcanzaron el nivel básico de desempeño en matemáticas, mientras que alrededor de la mitad tampoco llegó a ese nivel mínimo en lectura y ciencias.

Pero el debate no se quedó en las cifras. La publicación de los resultados reavivó una controversia que comenzó incluso antes de que la prueba fuera aplicada: la discusión sobre si México debía continuar participando en PISA, qué tan útil es una evaluación estandarizada para medir la educación de un país y, finalmente, qué responsabilidad tienen las autoridades frente a los resultados.

Para entender la discusión hay que comenzar por saber qué mide PISA.

PISA significa Programa para la Evaluación Internacional de los Estudiantes y es una prueba coordinada por la OCDE que se aplica cada tres años a jóvenes de alrededor de 15 años. A diferencia de un examen escolar tradicional, no busca determinar cuánto contenido de un programa académico recuerda un alumno.

Su objetivo es conocer si puede aplicar lo aprendido para resolver problemas, interpretar información, razonar y enfrentar situaciones de la vida cotidiana.

En la edición 2025 participaron más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías. México participó con 7 mil 843 estudiantes de 297 escuelas, una muestra que representa aproximadamente a 1.58 millones de jóvenes de 15 años. La OCDE señaló que los datos mexicanos cumplieron sus estándares de calidad para ser reportados.

En esta edición, ciencias fue el área principal, mientras que matemáticas y lectura tuvieron un papel secundario. Por primera vez, PISA también incorporó una evaluación sobre resolución de problemas computacionales y aprendizaje en el mundo digital.

¿Y qué encontraron?

México obtuvo 388 puntos en matemáticas, 408 en lectura y 414 en ciencias. Los promedios de la OCDE fueron de 463, 461 y 482 puntos, respectivamente. Es decir, la mayor distancia aparece en matemáticas, donde México quedó 75 puntos por debajo del promedio de los países de la organización.

El dato que puede resultar más fácil de dimensionar es el nivel de competencia.

En matemáticas, solamente 30 por ciento de los estudiantes mexicanos alcanzó al menos el nivel 2, considerado el mínimo de competencia. En el promedio de la OCDE lo consiguió 65 por ciento.

En lectura, alrededor de la mitad llegó a ese nivel, frente a 69 por ciento en la OCDE. En ciencias, cerca de la mitad de los estudiantes mexicanos alcanzó el nivel 2 o superior, mientras que el promedio internacional fue de 74 por ciento.

El nivel 2 no significa ser un estudiante sobresaliente. Representa apenas un piso básico. En matemáticas, por ejemplo, un estudiante que llega a ese nivel puede interpretar una situación sencilla y reconocer cómo representarla matemáticamente.

Por eso, cuando se afirma que siete de cada 10 estudiantes mexicanos quedaron por debajo de ese umbral, no se está diciendo que no sepan matemáticas, sino que una proporción muy amplia presenta dificultades para demostrar las competencias que PISA considera esenciales para resolver problemas de cierta complejidad.

El resultado tampoco puede explicarse únicamente por lo ocurrido durante la pandemia.

Entre 2022 y 2025, México pasó de 395 a 388 puntos en matemáticas. La OCDE considera que esta caída fue estadísticamente significativa. En lectura pasó de 415 a 408 puntos, pero la organización señala que el cambio no es estadísticamente significativo. En ciencias subió de 410 a 414 puntos, aunque tampoco se trata de una variación estadísticamente significativa.

Además, la propia OCDE advierte que comparar los resultados a lo largo de los años requiere contexto. La expansión de la educación secundaria permitió que más jóvenes de sectores históricamente marginados permanecieran en la escuela, lo que también modificó la composición de la población evaluada.

Aquí aparece una de las partes más interesantes del debate.

La publicación de PISA ocurre después de una fuerte discusión en México sobre la continuidad del país en esta evaluación. En 2024, organizaciones civiles cuestionaron la intención del Gobierno federal de no continuar con el proceso y promovieron un amparo para exigir la participación mexicana.

En marzo de 2025, el entonces secretario de Educación Pública, Mario Delgado, rechazó que México estuviera participando por una orden judicial. La SEP sostuvo que el Gobierno ya había decidido continuar en PISA desde 2024 y que no existía una medida jurisdiccional vigente que obligara a realizarla.

La dependencia también ha cuestionado las limitaciones de las evaluaciones estandarizadas internacionales. Su argumento central es que una prueba como PISA no puede capturar por sí sola la complejidad del sistema educativo mexicano ni sustituir las evaluaciones diagnósticas realizadas dentro de las escuelas.

Esa postura volvió a aparecer después de conocer los resultados.

La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo señaló que una prueba aplicada de la misma manera a todos los países tiene limitaciones porque no necesariamente considera las características y contextos particulares de cada nación. Al mismo tiempo, destacó que México mostró una mejoría en ciencias y reconoció el descenso en matemáticas.

La oposición, organizaciones civiles y especialistas, en cambio, han utilizado los resultados como evidencia de un problema educativo que requiere atención. Legisladores del PAN y PRI calificaron las cifras como un retroceso y exigieron cambios en la política educativa, mientras que el IMCO consideró los resultados una señal de alerta por sus posibles efectos en la trayectoria escolar y laboral de los jóvenes.

En medio de esta discusión aparece Jalisco.

El Gobierno estatal presentó los resultados de Jalisco Avanza 2025, una evaluación propia que durante ese año aplicó a más de 1.39 millones de estudiantes. De acuerdo con las cifras difundidas por la Entidad, 88.6 por ciento alcanzó resultados satisfactorios en pensamiento matemático y 89 por ciento en lectura.

La diferencia con el panorama nacional de PISA es enorme. Sin embargo, aquí es necesario poner freno a una interpretación que puede resultar engañosa: no significa que 88.6 por ciento de los estudiantes jaliscienses tenga el nivel PISA en matemáticas ni que 89 por ciento tenga automáticamente el nivel internacional de lectura.

Jalisco Avanza y PISA no utilizan la misma metodología, no evalúan exactamente a la misma población ni presentan sus resultados con la misma escala. Jalisco Avanza es una evaluación censal estatal; PISA utiliza una muestra representativa de estudiantes de 15 años y una metodología internacional diseñada para comparar sistemas educativos.

Por ello, los resultados de Jalisco pueden ser una señal positiva sobre el desempeño que reporta su evaluación estatal, pero no deben presentarse como una conversión directa de los resultados de PISA.

Lo que sí resulta relevante es que Jalisco cuenta con una herramienta propia para conocer de manera periódica qué ocurre dentro de sus aulas. La plataforma oficial permite consultar resultados de Jalisco Avanza 2025 por nivel educativo y grado, así como reportes por escuela y mapas de atención.

La verdadera utilidad de ambas evaluaciones, entonces, no está solamente en saber quién quedó arriba o abajo de una tabla.

PISA permite observar a México frente a otros sistemas educativos y conocer si sus estudiantes poseen determinadas competencias para desenvolverse en un mundo cada vez más complejo. Las evaluaciones estatales, por su parte, pueden ayudar a identificar con mayor detalle qué ocurre dentro de las escuelas y en qué aprendizajes existen áreas de oportunidad.

El reto comienza después de publicar las cifras.

Porque detrás de los 388 puntos de matemáticas hay estudiantes que tendrán que resolver problemas cotidianos, continuar sus estudios, buscar empleo y desenvolverse en un mundo en el que las habilidades digitales, la comprensión de información y el pensamiento crítico son cada vez más importantes.

Y detrás de los resultados de Jalisco Avanza hay otra pregunta que también merece seguimiento: ¿los buenos resultados estatales se mantienen cuando los estudiantes enfrentan evaluaciones externas y comparables internacionalmente?

Más que convertir PISA en una disputa política, el resultado puede servir como punto de partida para una conversación mucho más importante: qué están aprendiendo los estudiantes mexicanos, qué necesitan aprender mejor y qué deben hacer las autoridades para que los resultados no dependan únicamente de la evaluación que se utilice para medirlos.

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