El riñón no siempre responde de la misma manera ante una lesión. Esa diferencia, que puede parecer pequeña, podría ayudar a explicar por qué las enfermedades renales avanzan de manera distinta en mujeres y hombres y, sobre todo, abrir nuevas posibilidades para proteger este órgano.
En el Centro Universitario de los Altos (CUAltos) de la Universidad de Guadalajara, la doctora Raquel Echeverría, profesora e investigadora, estudia precisamente uno de esos mecanismos. Su proyecto, denominado “El papel de las desmetilasas de histona de la familia Jumonji en la tolerancia isquémica asociada al estrógeno”, busca comprender qué ocurre dentro de las células del riñón cuando enfrentan una lesión y cuál es el papel que desempeñan las hormonas sexuales en su recuperación.
La investigación parte de una realidad que preocupa por la frecuencia con la que aparecen las enfermedades renales en México y Jalisco: se trata de padecimientos que pueden avanzar durante mucho tiempo sin síntomas evidentes. Cuando las señales aparecen, el daño puede encontrarse ya en etapas avanzadas.
Pero hay otra pregunta detrás de este problema: ¿por qué la enfermedad renal no evoluciona exactamente igual en mujeres y hombres?
De acuerdo con la investigadora, aunque las mujeres pueden presentar una mayor prevalencia de algunos padecimientos renales, los hombres suelen avanzar con mayor rapidez hacia la insuficiencia renal terminal. Una de las claves para entender esta diferencia estaría en las hormonas sexuales, particularmente en el estrógeno.
El equipo de investigación busca conocer qué sucede a nivel molecular para que el tejido renal pueda recuperarse después de una lesión. Una de las situaciones que estudian es la llamada tolerancia isquémica, un mecanismo de protección que entra en juego cuando el riñón sufre una falta de flujo sanguíneo, como puede ocurrir durante determinados procedimientos quirúrgicos o en un trasplante.
En los estudios realizados hasta ahora, el grupo ha observado que el estrógeno favorece la regeneración del tejido renal en las hembras. Cuando esta hormona está ausente, como ocurre durante la menopausia, el órgano pierde parte de esa capacidad de recuperación y comienza a reparar el daño mediante procesos que pueden conducir a fibrosis.
La fibrosis es particularmente importante porque no representa una simple cicatriz pasajera. Consiste en la formación progresiva de tejido cicatricial que sustituye células funcionales del riñón. Con ello, el órgano pierde capacidad para realizar adecuadamente sus funciones y puede avanzar hacia una enfermedad renal crónica.
Para entender por qué ocurre este cambio, las investigadoras estudian mecanismos epigenéticos. En términos sencillos, se trata de procesos que funcionan como controles sobre la actividad de los genes: no cambian la secuencia del ADN, pero sí pueden determinar qué genes se expresan y cuáles permanecen inactivos.
Entre estos mecanismos se encuentran procesos relacionados con la metilación y desmetilación, que pueden modificar la actividad de determinados genes. En este caso, la atención está puesta en las enzimas desmetilasas de histonas de la familia Jumonji C y en su relación con los efectos del estrógeno en el riñón.
Uno de los hallazgos del equipo resulta especialmente relevante. Al bloquear estas enzimas en los modelos estudiados, las hembras pierden la protección que normalmente presentan frente al daño renal. El órgano deja de regenerarse adecuadamente y desarrolla fibrosis de una manera semejante a la observada en los machos.
El resultado ayuda a reforzar una idea que durante años quedó limitada en la investigación experimental: estudiar solamente animales machos puede dejar fuera información importante sobre la manera en que las hormonas femeninas influyen en la respuesta de los órganos ante una enfermedad o una lesión.
Echeverría señala que históricamente muchos estudios preclínicos se han realizado únicamente con animales machos porque trabajar con hembras implica considerar las variaciones hormonales. Sin embargo, esa decisión también ha reducido el conocimiento disponible sobre los mecanismos que podrían ofrecer protección natural frente a determinadas enfermedades.
Por eso, uno de los objetivos del proyecto es identificar los genes y las enzimas involucrados en la regeneración del tejido renal. Conocerlos podría permitir, en el futuro, diseñar tratamientos capaces de modular estos procesos y favorecer una mejor recuperación después de una lesión.
La posibilidad más lejana, pero también una de las que plantea mayores expectativas, está relacionada con los trasplantes. Actualmente, los experimentos se realizan en modelos animales y todavía falta avanzar para determinar si estos mecanismos pueden trasladarse a seres humanos. A largo plazo, sin embargo, el conocimiento obtenido podría contribuir a desarrollar estrategias para proteger órganos destinados a trasplante, incluso mediante modificaciones previas en la expresión genética del injerto que favorezcan procesos de regeneración.
No se trata todavía de un tratamiento disponible para pacientes. Es una investigación preclínica que busca descifrar qué sucede dentro del riñón antes de pensar en una aplicación médica.
El proyecto es desarrollado por las doctoras Raquel Echeverría y Yanet Karina Gutiérrez, profesoras-investigadoras del CUAltos, en colaboración con especialistas del Instituto Mexicano del Seguro Social en Guadalajara.
Mientras la investigación avanza, el trabajo coloca sobre la mesa una pregunta que puede tener consecuencias importantes para la medicina: si mujeres y hombres pueden responder de manera diferente ante una enfermedad renal, también es necesario comprender esas diferencias para buscar tratamientos que tomen en cuenta cómo funciona cada organismo.
En el caso del riñón, conocer el mecanismo que permite a ciertas células regenerarse en lugar de formar tejido cicatricial podría ser una pieza más para enfrentar una enfermedad que muchas veces avanza en silencio.