¿Estará en la alineación del 2027?
Por Víctor Manuel Chávez Ogazón
(Colaboración especial)
Hay momentos en que la atención de un país se concentra en un solo punto. Hoy ese punto es el Mundial de futbol. Las calles se pintan de amarillo, azul o verde; las conversaciones giran alrededor de alineaciones, pronósticos y goles. Mientras tanto, lejos de los reflectores, hay movimientos políticos que avanzan con discreción y que podrían tener consecuencias más duraderas que cualquier resultado deportivo.
Uno de ellos está ocurriendo en Michoacán.
Lo que comenzó como un liderazgo local encabezado por Carlos Manzo en Uruapan ha empezado a transformarse en un fenómeno político con alcances nacionales. El llamado Movimiento del Sombrero ya no es únicamente una expresión regional; hoy construye puentes con liderazgos ciudadanos que comparten una agenda basada en la seguridad, la paz y el combate a la impunidad.
Tras el fallecimiento de Manzo, muchos anticipaban que el proyecto perdería fuerza. Ha ocurrido lo contrario. La alcaldesa de Uruapan, Grecia Quiroz, ha asumido el liderazgo político del movimiento y ha comenzado a tejer una red de relaciones que rebasa las fronteras de Michoacán.
La imagen más reciente habla por sí sola: Julián LeBaron, activista nacional y referente en la lucha por la justicia para las víctimas de la violencia, apareció junto a Quiroz y lanzó una frase que pocos esperaban escuchar: “¡Viva Carlos Manzo y el Movimiento del Sombrero!”.
No fue un simple saludo protocolario.
Representó el reconocimiento de un movimiento ciudadano hacia otro que, aunque distinto en origen, comparte preocupaciones similares: recuperar la seguridad, devolver la tranquilidad a las comunidades y colocar a los ciudadanos por encima de las estructuras partidistas.
En los últimos meses también se han producido acercamientos con dirigentes nacionales de Movimiento Ciudadano, encuentros con liderazgos independientes y la conformación de estructuras que, según sus propios integrantes, buscan extenderse hacia otras entidades rumbo a 2027.
Hasta ahora no existen alianzas electorales formales. Lo que sí comienza a observarse es una comunidad de causas.
Quizá por eso resulta llamativo que, paralelamente, desde el Congreso de Michoacán se impulsaran reformas electorales que diversos actores del propio movimiento califican como intentos de frenar el crecimiento político de Grecia Quiroz y limitar el margen de acción de las candidaturas independientes y los gobiernos ciudadanos.
La discusión no es menor.
Cada vez que aparece un liderazgo que no surge de los partidos tradicionales, inevitablemente se abre el debate sobre si las reglas se modifican para fortalecer la competencia o para proteger a quienes ya ocupan el poder. Esa percepción, independientemente de quién tenga razón jurídica, alimenta el discurso antisistema que hoy capitalizan movimientos como el del Sombrero.
Lo interesante es que este proyecto parece estar construyéndose de manera distinta a los partidos tradicionales. No gira alrededor de una ideología perfectamente definida ni de una plataforma doctrinaria. Su punto de encuentro es más simple: la inconformidad con la inseguridad, la corrupción y la distancia entre los gobiernos y la ciudadanía.
Eso explica por qué alrededor del movimiento aparecen perfiles tan distintos como activistas, empresarios, líderes sociales, académicos y ciudadanos sin militancia partidista.
¿Será suficiente para convertirse en una fuerza nacional?
Es demasiado pronto para afirmarlo. México ha visto surgir decenas de movimientos regionales que nunca lograron trascender su territorio. Pero también ha demostrado que los grandes cambios políticos suelen comenzar lejos del centro del país, cuando casi nadie les presta atención.
Y ese es el caso de Michoacán, donde se han gestado movimientos que han trascendido a nivel nacional. No sería la primera vez que un movimiento nacido en Michoacán termina modificando la conversación nacional. Desde Morelos y los Sentimientos de la Nación hasta Lázaro Cárdenas, el cardenismo democrático o las autodefensas, la historia demuestra que en ese estado suelen germinar procesos políticos y sociales que, al principio, pocos toman en serio.
Quizá por eso conviene observar con atención al llamado Movimiento del Sombrero. No porque hoy represente una fuerza nacional consolidada, sino porque la historia enseña que los cambios importantes no siempre comienzan en el centro del poder; a veces empiezan en la periferia, cuando la mayoría está mirando hacia otro lado.”
Mientras millones de mexicanos siguen el Mundial, en Michoacán se libra otro partido: el de un movimiento que intenta crecer sin estructuras tradicionales, que suma aliados por afinidad más que por conveniencia electoral y que enfrenta un entorno político que, según sus simpatizantes, busca ponerle obstáculos antes de que llegue a la siguiente cancha.
En ocasiones, las historias que terminan cambiando el marcador nacional no empiezan en el estadio principal. Empiezan en las gradas, cuando casi nadie las está mirando.