La noche previa al esperado partido entre México y Corea del Sur tuvo un protagonista inesperado: no fue un futbolista ni un entrenador, sino una banda que desde hace más de tres décadas forma parte de la identidad de Guadalajara. Maná regresó a casa y convirtió la Glorieta de La Minerva en un estadio sin porterías, donde más de 170 mil personas corearon cada canción como si celebraran un gol en la Copa del Mundo.
El concierto gratuito, organizado por el Gobierno de Jalisco como parte de las actividades paralelas al Mundial FIFA 2026, reunió a familias completas, jóvenes, turistas nacionales y visitantes extranjeros que encontraron en la música una nueva forma de vivir la fiesta mundialista.
Desde varias horas antes del inicio del espectáculo, las calles cercanas comenzaron a llenarse de aficionados. Algunos llegaron desde la madrugada para conseguir un buen lugar; otros aprovecharon el ambiente para recorrer los alrededores, comprar recuerdos o simplemente convivir mientras esperaban la aparición de una de las bandas más exitosas que ha dado México.
La Minerva lucía diferente. El emblemático monumento dejó de ser únicamente un punto de encuentro para transformarse en un enorme escenario al aire libre, rodeado de miles de personas que compartían la misma expectativa.
La apertura estuvo a cargo de Afro Brothers, quienes calentaron el ambiente con una mezcla de ska, reggae, salsa y funk. Sin embargo, fue la aparición de Fher Olvera, Alex González, Sergio Vallín y Juan Calleros la que terminó por desatar la euforia.
Las primeras notas de “Déjame entrar” bastaron para confirmar que no sería un concierto cualquiera. Guadalajara recibía nuevamente a una de sus agrupaciones más queridas y la respuesta fue inmediata: un coro multitudinario que prácticamente no dejó de escucharse durante las casi dos horas de presentación.
El repertorio avanzó como un recorrido por varias generaciones. Canciones como “De pies a cabeza”, “Manda una señal”, “Labios compartidos”, “Eres mi religión”, “Vivir sin aire” y “Mariposa traicionera” fueron interpretadas al unísono por miles de personas que parecían conocer cada palabra de memoria.
La banda no necesitó grandes discursos para conectar con el público. Bastaron unas cuantas frases de agradecimiento de Fher Olvera para recordar que Guadalajara fue el lugar donde comenzó la historia de Maná y que, pese al éxito internacional, el vínculo con la ciudad permanece intacto.
A lo largo de la noche, las 19 pantallas instaladas alrededor de la glorieta permitieron que quienes se encontraban más alejados disfrutaran cada detalle del espectáculo. La producción incluyó efectos visuales, iluminación y sonido de alta calidad, aunque el verdadero protagonista fue el público.
Cada canción se transformó en una celebración colectiva. Desconocidos cantaban abrazados, familias completas bailaban entre la multitud y cientos de teléfonos celulares iluminaban el cielo para inmortalizar una noche que muchos calificaron como histórica.
Uno de los momentos más comentados llegó cuando un brasier fue lanzado al escenario, provocando las risas del propio Fher y de sus compañeros. La escena recordó aquellos conciertos multitudinarios del rock de décadas pasadas y añadió un momento espontáneo a una presentación cargada de nostalgia.
Musicalmente, la banda mostró la experiencia acumulada durante años de giras internacionales. Alex González volvió a demostrar por qué es considerado uno de los bateristas más sólidos del rock latino, mientras que Sergio Vallín ofreció algunos de los momentos más destacados con su guitarra, especialmente durante “Corazón espinado”.
Juan Calleros, con la discreción que lo caracteriza, sostuvo la base rítmica de un grupo que encontró el equilibrio perfecto entre la energía del rock y la cercanía con su público.
La parte final del concierto elevó todavía más la intensidad. “No ha parado de llover” llenó de melancolía el ambiente; “En el muelle de San Blas” volvió a emocionar a miles de asistentes con una de las historias más conocidas del repertorio de Maná; mientras que “Rayando el sol” y “Oye mi amor” cerraron una presentación que convirtió la glorieta en un gigantesco karaoke al aire libre.
Más allá del espectáculo musical, el concierto representó una carta de presentación para los miles de visitantes que han llegado a Guadalajara con motivo de la Copa Mundial de la FIFA 2026. La combinación entre música, cultura y futbol busca proyectar la identidad de Jalisco ante millones de personas que siguen el torneo desde distintas partes del mundo.
La presentación también tuvo un componente ambiental. Durante el anuncio del concierto, Maná confirmó que realizará una donación destinada a impulsar proyectos de reforestación en el Área Metropolitana de Guadalajara y Puerto Vallarta, una causa que la agrupación ha respaldado desde hace varios años.
Conforme terminaban las últimas notas, la multitud comenzó a retirarse de manera ordenada, mientras elementos de seguridad y movilidad coordinaban la salida de los asistentes. La ciudad se preparaba para vivir, apenas unas horas después, otro de los momentos más esperados del Mundial: el encuentro entre México y Corea del Sur.
Guadalajara volvió a demostrar que sabe organizar grandes eventos y que su pasión no se limita al futbol. Durante una noche, La Minerva fue mucho más que un monumento: se convirtió en el escenario donde una ciudad entera cantó, celebró y reafirmó el orgullo de ver a una de sus bandas más emblemáticas tocar nuevamente en casa.