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Guachimontones revive el juego de pelota que nació hace más de 2 mil años

Mientras miles de visitantes llegan a Jalisco para disfrutar de la Copa Mundial de la FIFA 2026, en Teuchitlán se juega otro partido que comenzó hace más de dos mil años. No hay árbitros, tarjetas ni porterías. Aquí la pelota se impulsa únicamente con la cadera, el sonido de tambores marca el ritmo del encuentro y cada movimiento recuerda una tradición que formó parte de la vida ritual y comunitaria de los pueblos prehispánicos del Occidente de México.

El Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand” volvió a convertirse este fin de semana en escenario del ancestral juego de pelota, una exhibición que reunió a familias, turistas y amantes de la historia para conocer una de las prácticas deportivas y ceremoniales más antiguas del continente.

La actividad forma parte de una serie de presentaciones organizadas durante junio y julio con el propósito de acercar a los visitantes al legado de la Tradición Teuchitlán, la cultura que floreció en esta región entre los años 350 antes de Cristo y 350 después de Cristo, y que dejó como herencia uno de los complejos arqueológicos más importantes del Occidente mexicano.

La experiencia comienza incluso antes del partido. Los jugadores realizan un saludo ceremonial que recuerda el carácter espiritual que esta práctica tuvo durante siglos. Después, dos equipos integrados por cinco participantes ocupan la cancha para iniciar un duelo en el que la fuerza, la coordinación y la técnica sustituyen a la velocidad característica del futbol moderno.

Las reglas parecen sencillas, pero exigen una gran preparación física. La pelota únicamente puede golpearse con la cadera. Está prohibido utilizar manos, pies, pecho o cabeza, y cada contacto indebido representa una falta que favorece al equipo rival.

A diferencia de la imagen popular del juego de pelota mesoamericano asociada con enormes aros de piedra, la modalidad que se practica en Guachimontones funciona de otra manera.

La cancha tiene entre 30 y 60 metros de longitud y apenas unos cuantos metros de ancho. El objetivo consiste en llevar la pesada pelota hacia el territorio contrario hasta cruzar la línea de anotación, en una dinámica que exige precisión, resistencia y estrategia.

José Rubén Gallardo Carriles, representante de Juegos de Pelota Ancestral Nahual y del Calpulli Tepacauhtli, explicó que esta disciplina recibe distintos nombres dependiendo de la región del país.

En el norte se conoce como Ulama; en la zona maya es identificado como Pok ta pok; mientras que en el Occidente mexicano permanece la denominación de juego de pelota de cadera o Batey, nombre que aparece incluso en documentos de la época colonial.

Uno de los elementos que más sorprende a quienes observan la exhibición es la elaboración de la pelota.

Lejos de los materiales modernos, continúa fabricándose mediante técnicas tradicionales que combinan látex natural extraído del árbol del caucho con preparados vegetales, hasta formar una masa elástica que requiere varias horas de trabajo artesanal para alcanzar el tamaño y peso adecuados.

Aunque actualmente se presenta como una disciplina deportiva y cultural, durante la época prehispánica el juego tenía un profundo significado simbólico.

Especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia han documentado que en Mesoamérica esta práctica estaba relacionada con ceremonias religiosas, la representación del movimiento de los astros, la resolución de conflictos y la legitimación del poder político. En el caso de Guachimontones, las canchas forman parte del corazón ceremonial del asentamiento, lo que refleja la importancia que tuvo para la sociedad de la Tradición Teuchitlán.

En esta zona arqueológica se conservan dos canchas restauradas, aunque en toda la región se han identificado más de 60 espacios vinculados con esta práctica ancestral.

Guachimontones constituye uno de los sitios arqueológicos más importantes del Occidente de México y forma parte del Paisaje Agavero y las Antiguas Instalaciones Industriales de Tequila, inscrito en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2006. Cada año recibe alrededor de 170 mil visitantes, atraídos por sus características pirámides circulares, prácticamente únicas en el mundo. .

Durante el Virreinato, muchas ceremonias y expresiones culturales indígenas fueron prohibidas, lo que obligó a diversas comunidades a mantener estas tradiciones lejos de los centros urbanos.

Sin embargo, el juego de pelota sobrevivió gracias a generaciones que conservaron sus reglas y técnicas hasta nuestros días.

Actualmente, Jalisco cuenta con equipos que participan en competencias nacionales en distintas categorías. Existen conjuntos infantiles, juveniles, femeniles y varoniles que mantienen viva una disciplina considerada parte del patrimonio cultural del país.

Para quienes no pudieron asistir a la primera exhibición, todavía habrá nuevas oportunidades.

Las próximas presentaciones están programadas para los días 21 y 28 de junio, así como el 5 de julio, todas a las 11:00 horas en el Centro Interpretativo Guachimontones “Phil Weigand”, ubicado en el municipio de Teuchitlán, aproximadamente a una hora de Guadalajara.

La entrada general tiene un costo de 30 pesos, una inversión modesta para recorrer uno de los sitios arqueológicos más representativos de Jalisco y presenciar una tradición que ha sobrevivido por más de veinte siglos.

En tiempos en los que el futbol concentra la atención del planeta, Guachimontones recuerda que mucho antes de los estadios modernos ya existían canchas donde el deporte, la identidad y la espiritualidad caminaban de la mano. Hoy, esa historia vuelve a cobrar vida frente a nuevas generaciones que descubren que algunas de las raíces más profundas del deporte mexicano siguen latiendo en el corazón de Jalisco.

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