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Jalisco crece más que el país, pero el ritmo económico no se refleja igual en los bolsillos

El crecimiento económico de Jalisco volvió a colocarse por encima del promedio nacional en 2025. De acuerdo con el Indicador Trimestral de la Actividad Económica Estatal, la entidad registró un avance acumulado de 1.44 por ciento, frente al 0.56 por ciento del país, es decir, un desempeño 2.6 veces mayor. La cifra, en términos técnicos, confirma que el estado mantiene dinamismo incluso en un contexto económico complejo.

Sin embargo, los datos requieren una lectura más amplia. Crecer por encima del promedio nacional no necesariamente implica que la economía esté resolviendo los problemas de fondo que enfrentan miles de familias. El propio indicador mide la actividad productiva, pero no refleja de forma directa variables como el ingreso real, la precariedad laboral o la desigualdad.

Desde el discurso oficial, la explicación apunta a una política económica centrada en atraer inversión, fortalecer a las micro, pequeñas y medianas empresas y promover la competitividad. Así lo sostuvo Cindy Blanco Ochoa, titular de la Secretaría de Desarrollo Económico, al señalar que el crecimiento se logró en un entorno nacional e internacional adverso.

No obstante, en la vida cotidiana, el crecimiento económico suele percibirse de otra forma. Para muchos trabajadores, el aumento en la actividad productiva no se traduce en mejores salarios ni en mayor estabilidad. Sectores como el comercio informal o los servicios continúan absorbiendo a una parte importante de la población, muchas veces sin prestaciones ni seguridad social.

El papel de Jalisco como motor económico del país tampoco es nuevo. La entidad ha consolidado su posición en industrias clave como la tecnología, la manufactura y el agro, lo que le permite sostener cifras positivas incluso cuando el crecimiento nacional es limitado. Pero este dinamismo convive con contrastes: zonas metropolitanas con alta inversión frente a regiones donde las oportunidades siguen siendo escasas.

En ese contexto, el concepto de “competitividad” —frecuentemente utilizado en el discurso gubernamental— plantea otra interrogante: ¿competitividad para quién? Mientras grandes empresas encuentran condiciones favorables para instalarse o expandirse, muchas MiPyMEs enfrentan dificultades para acceder a financiamiento, sobrevivir a la inflación o adaptarse a cambios tecnológicos.

A nivel de calle, el crecimiento se mide en otros términos. Se mide en el costo de la canasta básica, en la capacidad de pagar renta, en el acceso a servicios de salud o en la posibilidad de que un joven encuentre empleo sin tener que migrar. Bajo esa lógica, el avance del 1.44 por ciento luce más como una señal macroeconómica que como una mejora tangible para todos.

Los especialistas suelen advertir que un crecimiento moderado, como el registrado, difícilmente genera cambios estructurales por sí solo. Para que el impacto sea significativo, debe acompañarse de políticas redistributivas, inversión en educación, fortalecimiento del mercado interno y estrategias que reduzcan la informalidad.

En Jalisco, estos desafíos siguen vigentes.

Los pendientes son claros: persiste la desigualdad entre regiones, con una concentración económica en la zona metropolitana de Guadalajara; el empleo informal continúa representando una proporción importante de la actividad laboral; los salarios, en muchos sectores, no han crecido al mismo ritmo que la inflación; y las pequeñas empresas, a pesar de los programas de apoyo, enfrentan un entorno competitivo que favorece a actores más grandes. A esto se suma la falta de indicadores públicos más accesibles que permitan a la ciudadanía entender cómo se distribuye realmente el crecimiento.

También queda abierta la discusión sobre la sostenibilidad del modelo económico. Apostar por la inversión y la competitividad puede impulsar cifras positivas en el corto plazo, pero sin mecanismos que garanticen una distribución más equitativa, el crecimiento corre el riesgo de concentrarse en ciertos sectores y territorios.

La narrativa de un estado que crece por encima del promedio nacional convive, así, con historias cotidianas de familias que siguen ajustando gastos, jóvenes que buscan oportunidades fuera y pequeños negocios que luchan por mantenerse abiertos.

El reto no es menor: convertir el crecimiento económico en bienestar tangible. Porque mientras las cifras avanzan, la pregunta de fondo sigue siendo la misma: quiénes están realmente creciendo con Jalisco y quiénes se están quedando atrás.


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