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Uso excesivo de pantallas afecta el sueño, la concentración y la salud mental

Un especialista de la UdeG advierte que los algoritmos fomentan el consumo continuo de contenidos y recomienda establecer límites para recuperar espacios libres de tecnología

Pasar horas frente al celular sin darse cuenta del tiempo transcurrido, revisar videos uno tras otro o sentir que siempre hay algo más por ver son hábitos cada vez más comunes en el entorno digital. Sin embargo, detrás de estas conductas existen mecanismos diseñados para mantener la atención de los usuarios que pueden afectar el descanso, la concentración y el bienestar emocional.

Juan Roberto Hernández Villalobos, consultor en tecnología y uso de inteligencia artificial (IA) para empresas desde una perspectiva ética y egresado de la maestría en Desarrollo y Dirección de la Innovación del Centro Universitario de Guadalajara (CUGuadalajara), de la Universidad de Guadalajara (UdeG), advirtió que el uso excesivo de pantallas puede convertirse en un problema difícil de identificar.

“Estamos generando una adicción a las pantallas que nos cuesta identificar, pero nos está afectando. Además, es necesario tener claro que los algoritmos están decidiendo lo que vemos y que alimenta al scroll infinito”, señaló.

El especialista explicó que las plataformas digitales utilizan algoritmos para seleccionar y recomendar videos, publicaciones y otros contenidos con el propósito de mantener a las personas conectadas durante más tiempo. Esta dinámica puede dificultar que los usuarios interrumpan el consumo, incluso cuando ya tenían la intención de dejar el dispositivo.

La experiencia, indicó, tiene similitudes con la que se produce en las máquinas de apuestas: el estímulo no depende únicamente de lo que se obtiene, sino también de la incertidumbre sobre lo que aparecerá después.

En las redes sociales, esa expectativa puede generar la sensación de que existe algo importante o interesante por descubrir si se continúa deslizando la pantalla. Así, el usuario permanece conectado ante la posibilidad de encontrar una nueva publicación, un video o una noticia que despierte su interés.

¿Cuánto tiempo pasamos frente a las pantallas?

Hernández Villalobos citó estudios según los cuales las personas de entre 18 y 24 años en México pasan, en promedio, entre cuatro y cinco horas frente a una pantalla.

También señaló que entre 8 y 10 por ciento de las recomendaciones algorítmicas pueden presentar problemas relacionados con sesgos, salud mental, seguridad infantil, desinformación o extremismo.

Estas cifras, expuestas por el especialista, ilustran los desafíos asociados con el consumo digital y la manera en que los sistemas automatizados seleccionan los contenidos que aparecen en las plataformas.

El problema no consiste únicamente en la cantidad de tiempo frente a un dispositivo, sino también en el uso que se le da y en las dificultades para interrumpirlo cuando comienza a desplazar otras actividades cotidianas.

Entre las consecuencias que mencionó se encuentran la disminución de las horas de sueño, una menor capacidad de concentración y atención, así como la sensación de disponer de menos tiempo para realizar otras actividades.

Cuando el uso del celular se extiende hasta la noche o interrumpe constantemente las tareas, el descanso y las actividades que requieren concentración pueden verse afectados. Por ello, el especialista considera necesario revisar los hábitos digitales y recuperar momentos en los que la atención no dependa de una pantalla.

La atención, el negocio detrás de las plataformas

El consultor explicó que buena parte del funcionamiento de las plataformas digitales se basa en la llamada economía de la atención: el tiempo que las personas permanecen conectadas tiene valor comercial porque permite recopilar datos sobre sus intereses y ofrecer publicidad dirigida.

“La economía de la atención representa eso, que nuestros datos son valiosos para estas empresas. No nos damos cuenta que lo gratis se paga con la atención. Nos cobran en tiempo, en datos, en atención, y eso se vende a los anunciantes”, afirmó.

Desde esta perspectiva, los contenidos que aparecen en las redes sociales no siempre responden exclusivamente a las preferencias conscientes de los usuarios. También intervienen sistemas de recomendación que seleccionan qué mostrar con base en distintos patrones de consumo.

Hernández Villalobos retomó las demandas contra Meta y Google como parte de una discusión más amplia sobre la responsabilidad de las empresas tecnológicas y el diseño de sus plataformas.

A su juicio, estos casos abren la posibilidad de reflexionar sobre la transparencia de los algoritmos y la necesidad de establecer criterios éticos para el desarrollo y uso de la inteligencia artificial.

El objetivo, explicó, debería ser que la tecnología contribuya al bienestar social, en lugar de concentrarse únicamente en mantener a los usuarios frente a la pantalla.

Cómo reducir el uso excesivo de pantallas

El especialista subrayó que advertir sobre estos riesgos no significa rechazar la tecnología ni dejar de utilizar las herramientas digitales. La propuesta es aprender a usarlas de manera consciente y establecer límites que permitan recuperar el control sobre el tiempo y la atención.

Una de las estrategias que recomendó consiste en crear fricción antes de abrir una aplicación. Esto significa introducir una pausa deliberada antes de ingresar a una red social o comenzar a ver videos, para preguntarse si realmente existe una necesidad de hacerlo o si se trata de un hábito automático.

También sugirió recuperar espacios libres de pantallas, como la mesa durante las comidas y la cama al momento de descansar. Establecer estos límites ayuda a separar las actividades cotidianas del consumo digital.

Otra alternativa es revisar las recomendaciones que ofrecen las plataformas y favorecer los contenidos que aporten información útil, aprendizaje o bienestar. De esta manera, el usuario puede orientar parte de su experiencia digital hacia intereses que respondan a sus necesidades, en lugar de consumir de forma automática todo lo que aparece en el feed.

La desconexión consciente también implica reconocer cuándo el uso del celular comienza a interferir con el sueño, la convivencia o las actividades que requieren atención sostenida.

Hernández Villalobos añadió que es importante reflexionar antes de recurrir a la inteligencia artificial para resolver una duda o realizar una tarea. En lugar de delegar de inmediato el proceso de razonamiento, propuso intentar primero una respuesta propia y después utilizar la herramienta para contrastar ideas, encontrar información o identificar aspectos que necesitan mayor análisis.

Inteligencia artificial en las aulas: una herramienta para pensar

El uso de pantallas y de inteligencia artificial también plantea retos en las escuelas. Para el consultor, la incorporación de estas herramientas debe estar acompañada de objetivos pedagógicos claros y no convertirse en un sustituto del pensamiento crítico.

“En la escuela, una de dos, si se va a usar la inteligencia artificial en el aula, que sea con procesos pedagógicos, pensando en cómo usarla como herramienta para cuestionar el desarrollo del pensamiento crítico, en lugar de establecer la inteligencia artificial como la herramienta de solución a las problemáticas”, expresó.

Esto supone utilizar la IA para formular preguntas, contrastar argumentos, revisar información y explorar diferentes respuestas, sin abandonar la capacidad de analizar y tomar decisiones propias.

El especialista también destacó la importancia de la transparencia algorítmica, en línea con los principios que atribuyó a la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco), para comprender con qué propósito se diseñan estas herramientas y cómo influyen en las decisiones de los usuarios.

La tecnología forma parte de la vida cotidiana y ofrece beneficios en la comunicación, el aprendizaje y el trabajo. El desafío, concluyó Hernández Villalobos, es desarrollar hábitos que permitan aprovechar sus ventajas sin dejar que el consumo continuo de contenidos desplace el descanso, la atención y la convivencia fuera de las pantallas.

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