La emergencia provocada por el terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia continúa agravándose conforme avanzan las labores de búsqueda y rescate. A poco más de un día del movimiento telúrico, las autoridades mantienen una carrera contra el tiempo para localizar sobrevivientes entre edificios colapsados, mientras el balance de víctimas sigue aumentando y la comunidad internacional comienza a movilizar ayuda humanitaria.
De acuerdo con los reportes más recientes del Gobierno colombiano y organismos de emergencia, el sismo ha dejado al menos 132 personas fallecidas, más de 570 heridas y más de un centenar de desaparecidos en las zonas con mayores afectaciones. Algunos reportes internacionales advierten que el número de personas cuyo paradero aún no ha podido ser confirmado podría ser mucho mayor debido a las dificultades de comunicación en comunidades aisladas y al colapso de infraestructura crítica.
El terremoto tuvo su epicentro cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, y fue percibido prácticamente en todo el territorio colombiano, además de Ecuador, Panamá y Venezuela. Se trata del movimiento sísmico más fuerte registrado en el país en varias décadas y uno de los desastres naturales más severos que enfrenta Colombia en los últimos años.
Las ciudades de Pereira, Cali, Manizales, Armenia, Buenaventura y varias localidades del occidente concentran gran parte de los daños. Decenas de edificios colapsaron total o parcialmente, hospitales tuvieron que ser evacuados, carreteras quedaron bloqueadas por derrumbes y varios aeropuertos suspendieron operaciones para permitir inspecciones estructurales y facilitar la llegada de ayuda.
Las labores de rescate continúan sin descanso. Equipos especializados trabajan con maquinaria pesada, perros de búsqueda y personal voluntario para localizar personas atrapadas entre los escombros. Sin embargo, las réplicas constantes complican las operaciones y obligan a detener periódicamente los trabajos por razones de seguridad.
Ante la magnitud de la tragedia, el presidente Abelardo de la Espriella declaró el estado de desastre nacional y ordenó la instalación de un Puesto de Mando Unificado para coordinar la respuesta de todas las dependencias federales, fuerzas militares, cuerpos de protección civil y organismos humanitarios. Además, fueron habilitados albergues temporales para miles de familias que perdieron sus viviendas o que no pueden regresar a ellas debido al riesgo de colapso.
Las autoridades también iniciaron la evaluación estructural de hospitales, escuelas, puentes, redes eléctricas y sistemas de agua potable, mientras ingenieros especializados determinan qué inmuebles pueden seguir utilizándose y cuáles deberán demolerse por los daños sufridos.
La respuesta internacional ha sido inmediata. Diversos gobiernos latinoamericanos, Estados Unidos, España, Francia, Italia, la Unión Europea, Israel y otros países expresaron su solidaridad y pusieron a disposición de Colombia equipos de rescate, especialistas en estructuras colapsadas, médicos, hospitales móviles, suministros de emergencia y apoyo logístico. La Unión Europea activó además el sistema satelital Copernicus para facilitar el análisis de daños y apoyar la planeación de las operaciones de rescate.
México también manifestó su respaldo al pueblo colombiano. La Presidenta Claudia Sheinbaum Pardo expresó su solidaridad y reiteró la disposición del Gobierno mexicano para enviar la ayuda que sea necesaria conforme lo soliciten las autoridades colombianas. La Secretaría de Relaciones Exteriores informó que mantiene comunicación permanente con la Cancillería de Colombia y señaló que, hasta el momento, no existen reportes de personas mexicanas afectadas por el terremoto.
En caso de formalizarse la solicitud de apoyo, México podría desplegar especialistas en búsqueda y rescate urbano, personal médico, ayuda humanitaria, equipo de atención de emergencias y suministros básicos, aprovechando la experiencia acumulada por instituciones mexicanas en la respuesta a terremotos nacionales e internacionales.
Mientras tanto, organizaciones humanitarias comenzaron campañas de acopio para reunir alimentos no perecederos, agua potable, medicamentos, cobijas, productos de higiene y material de primeros auxilios destinados a las miles de familias damnificadas.
Aunque la prioridad inmediata continúa siendo salvar vidas, especialistas advierten que Colombia enfrentará importantes desafíos durante los próximos meses. En el corto plazo será necesario restablecer los servicios de electricidad, agua potable, telecomunicaciones y transporte, además de garantizar atención médica para miles de lesionados y alojamiento temporal para quienes perdieron su patrimonio.
También preocupa el impacto psicológico sobre la población, especialmente entre niñas, niños y personas que permanecen en refugios temporales tras perder familiares o viviendas. La atención en salud mental será uno de los componentes esenciales de la recuperación.
A mediano plazo, el país enfrentará un complejo proceso de reconstrucción de infraestructura pública y privada. Será necesario rehabilitar escuelas, hospitales, carreteras, puentes, redes hidráulicas y edificios gubernamentales, además de impulsar programas de apoyo económico para comercios, empresas y familias afectadas.
El sector productivo también resentirá los efectos del desastre. Las interrupciones en las cadenas de suministro, la suspensión temporal de actividades industriales y comerciales, así como las afectaciones al turismo y al transporte de mercancías, podrían impactar el crecimiento económico regional durante los próximos meses.
Las autoridades colombianas insisten en que las cifras continuarán modificándose conforme avancen las labores de búsqueda en las zonas de mayor devastación. Las primeras 72 horas posteriores al terremoto son consideradas críticas para encontrar sobrevivientes bajo los escombros, por lo que cientos de rescatistas mantienen operaciones ininterrumpidas en los puntos más afectados.