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¿De qué se enferman los jaliscienses?

Parte 2 de 3

Mientras las infecciones respiratorias, intestinales y urinarias concentran la mayor cantidad de consultas médicas, otras enfermedades reflejan problemas de salud que podrían intensificarse si no se fortalecen las estrategias de prevención. Entre ellas destaca el dengue, una enfermedad cuyo comportamiento depende en gran medida de las condiciones climáticas y de la participación de la población en la eliminación de criaderos del mosquito transmisor.

El dengue se mantiene como una amenaza

El estudio del Instituto de Información Estadística y Geográfica de Jalisco (IIEG) ubica al dengue no grave como la sexta causa de enfermedad en el estado, con 50 mil 622 casos registrados durante 2024. Esta posición refleja el impacto que tuvo uno de los años con mayor circulación del virus en la última década y confirma que la enfermedad dejó de ser un problema exclusivo de las regiones tropicales para convertirse en un desafío permanente para la salud pública en buena parte del territorio jalisciense. 

El comportamiento del dengue está estrechamente relacionado con las lluvias, el incremento de las temperaturas y la proliferación del mosquito Aedes aegypti. La presencia de recipientes con agua acumulada en patios, azoteas y espacios públicos facilita la reproducción del vector y favorece el aumento de casos durante los meses más cálidos.

La revisión de los boletines del Sistema Nacional de Vigilancia Epidemiológica muestra que el dengue continuó bajo seguimiento permanente durante 2025. Sin embargo, al no haberse publicado todavía el Anuario de Morbilidad 2025 de la Dirección General de Epidemiología, no es posible establecer oficialmente si la enfermedad ascendió, descendió o mantuvo su posición dentro de las principales causas de morbilidad del estado. Esa limitación metodológica debe ser explicada al lector para evitar interpretaciones erróneas.

La obesidad: un problema silencioso

A diferencia de las enfermedades infecciosas, la obesidad no se transmite de una persona a otra. Sin embargo, sus consecuencias pueden acompañar durante años a quienes la padecen y aumentar el riesgo de desarrollar otras enfermedades de mayor gravedad.

En 2024 se registraron 46 mil 633 casos de obesidad en Jalisco, cifra que la colocó entre las diez principales causas de atención médica. 

Especialistas en salud pública consideran que este padecimiento representa uno de los mayores retos para el sistema sanitario, ya que está asociado con diabetes mellitus tipo 2, hipertensión arterial, enfermedades cardiovasculares, enfermedad renal crónica e incluso algunos tipos de cáncer.

El crecimiento urbano, el sedentarismo, el consumo de alimentos ultraprocesados y las jornadas laborales extensas figuran entre los factores que han favorecido el aumento del sobrepeso y la obesidad en México durante las últimas décadas.

Hipertensión y enfermedades crónicas

Aunque la hipertensión ocupa el noveno lugar entre las enfermedades notificadas, su impacto trasciende el número de consultas. Se trata de un padecimiento que, cuando no recibe tratamiento adecuado, puede derivar en infartos, accidentes cerebrovasculares e insuficiencia renal.

El desafío para las autoridades sanitarias consiste en detectar oportunamente a las personas que viven con hipertensión sin saberlo. Diversos programas de salud promueven la toma periódica de la presión arterial, el control del peso, la actividad física y una alimentación con menor contenido de sodio para disminuir el riesgo de complicaciones.

Las enfermedades más frecuentes no son las que más vidas cobran

Uno de los hallazgos más importantes de esta investigación es que morbilidad y mortalidad no son sinónimos.

Las enfermedades que generan más consultas médicas no necesariamente son las responsables del mayor número de defunciones.

Mientras las infecciones respiratorias e intestinales concentran buena parte de la atención en clínicas y hospitales, las principales causas de muerte en Jalisco continúan siendo las enfermedades del corazón, los tumores malignos, la diabetes mellitus, las enfermedades cerebrovasculares y la influenza con neumonía, de acuerdo con la información estadística disponible del INEGI y documentos técnicos del IIEG sobre mortalidad.

Esta diferencia refleja la transición epidemiológica que vive el estado: las enfermedades infecciosas siguen afectando a miles de personas cada año, pero los padecimientos crónicos son los que generan las mayores complicaciones y una mayor carga para el sistema de salud.

Un panorama que cambia lentamente

El análisis documental permite identificar un fenómeno importante: el perfil epidemiológico de Jalisco evoluciona de manera gradual.

La salida del COVID-19 de las veinte principales causas de enfermedad registrada en 2024 marcó el regreso a un comportamiento similar al observado antes de la pandemia. 

En consecuencia, las infecciones respiratorias recuperaron el liderazgo como principal causa de consulta, mientras que las enfermedades crónicas retomaron su papel como las principales responsables de las defunciones.

No obstante, la ausencia del Anuario de Morbilidad 2025 impide cuantificar con precisión la evolución anual de cada enfermedad. La Dirección General de Epidemiología continúa publicando boletines semanales de vigilancia epidemiológica, útiles para dar seguimiento al comportamiento de diversos padecimientos, pero estos reportes no sustituyen un consolidado anual que permita calcular variaciones porcentuales comparables con las del año previo.

Desde el punto de vista periodístico, este vacío de información constituye un dato relevante por sí mismo. Explicar al lector qué información existe, cuál aún no está disponible y por qué no es posible establecer ciertas comparaciones fortalece la transparencia del reportaje y evita presentar conclusiones que no estén respaldadas por evidencia.

¿Qué hacen las autoridades?

La revisión documental muestra que tanto el Gobierno de Jalisco como el Gobierno federal mantienen programas permanentes orientados a prevenir las enfermedades que más afectan a la población.

En el caso de las infecciones respiratorias, las estrategias se concentran en campañas de vacunación, vigilancia epidemiológica, promoción del lavado frecuente de manos y recomendaciones para reducir la transmisión durante la temporada invernal.

Frente al dengue, las acciones incluyen operativos de descacharrización, eliminación de criaderos del mosquito transmisor, aplicación de larvicidas en zonas de riesgo y campañas informativas dirigidas a la población para evitar la acumulación de agua en recipientes.

En cuanto a las enfermedades crónicas, las instituciones de salud impulsan programas de detección oportuna de diabetes, hipertensión y obesidad, además de campañas enfocadas en la alimentación saludable, la actividad física y la prevención de factores de riesgo cardiovascular.

Sin embargo, especialistas coinciden en que los programas preventivos enfrentan un reto adicional: modificar hábitos de vida que se han consolidado durante años y que dependen no solo de decisiones individuales, sino también del entorno social, económico y urbano.

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