El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) está cada vez más presente en las conversaciones de familias, escuelas y redes sociales. Para muchas personas esto ha generado la impresión de que el número de casos está aumentando; sin embargo, especialistas del Hospital Civil de Guadalajara (HCG) aseguran que la realidad es distinta: lo que ha cambiado es la capacidad para identificar y diagnosticar esta condición de manera más precisa.
En el marco del Día Internacional del TDAH, que se conmemora el próximo 13 de julio, expertos del Antiguo Hospital Civil “Fray Antonio Alcalde” explicaron que los avances en la medicina, la neuropsicología y el trabajo interdisciplinario han permitido reconocer con mayor facilidad los síntomas, además de que existe una mayor conciencia social sobre el tema.
La maestra Rosa Elizabeth Márquez Palacios, jefa del Servicio de Neurología Pediátrica, señaló que las redes sociales han contribuido a que muchas familias conozcan las características del trastorno y busquen atención profesional cuando detectan señales de alerta. A esto se suma el papel de las escuelas, que hoy participan de manera más activa en la detección y canalización de niñas y niños que podrían requerir una evaluación especializada.
De acuerdo con la especialista, en México viven alrededor de dos millones de niñas y niños con TDAH. Además, actualmente también es más frecuente que jóvenes y adultos soliciten una valoración médica, aunque aclaró que no todas las personas que acuden a consulta cumplen con los criterios necesarios para confirmar el diagnóstico.
Los especialistas insistieron en que el TDAH no debe confundirse con comportamientos cotidianos de la infancia. La doctora Miriam Elizabeth Jiménez Maldonado, adscrita al Servicio de Neuropsicología, explicó que durante este año el Hospital Civil ha brindado 611 consultas relacionadas con sospechas de esta condición, pero subrayó que muchas de ellas finalmente corresponden a otros problemas.
“Es importante dejar claro que no todos los pacientes que llegan pensando que tienen TDAH realmente lo presentan”, explicó la especialista.
El diagnóstico, añadió, requiere una evaluación clínica completa. Los principales síntomas son la inatención, la hiperactividad y la impulsividad, pero estos deben manifestarse de forma persistente y en distintos entornos de la vida cotidiana, como la escuela, el hogar y las actividades sociales.
Precisamente ahí radica uno de los principales errores que buscan combatir los especialistas: asumir que un niño inquieto o distraído necesariamente tiene TDAH.
La evaluación considera aspectos como la atención, la memoria, la capacidad para planificar, organizar tareas y resolver problemas. Estas funciones ejecutivas permiten conocer si las dificultades corresponden realmente a un trastorno del neurodesarrollo o si existen otras causas detrás de la conducta observada.
Los médicos advirtieron que emitir diagnósticos apresurados puede generar confusión e incluso retrasar la atención adecuada. En algunos casos, los problemas de comportamiento pueden estar relacionados con otros factores, como dificultades emocionales, problemas de convivencia o la ausencia de límites claros, situaciones que requieren estrategias de intervención distintas.
Otro de los mensajes centrales de la conferencia fue la importancia del diagnóstico temprano. Detectar el TDAH durante la infancia permite iniciar tratamientos médicos, psicológicos y educativos que mejoran significativamente la calidad de vida de las personas.
Con un acompañamiento oportuno, muchas niñas y niños desarrollan herramientas para organizar sus actividades, controlar sus impulsos y fortalecer su desempeño escolar y social, reduciendo las dificultades que podrían extenderse hasta la vida adulta.
Además del tratamiento clínico, los especialistas hicieron énfasis en el impacto que tienen los prejuicios sobre quienes viven con esta condición.
La psicóloga Luz Alejandra Fernández Villanueva explicó que muchas personas con TDAH enfrentan estigmas que afectan directamente su autoestima. Con frecuencia son calificadas como “flojas”, “desobedientes” o “mal educadas”, cuando en realidad presentan dificultades para regular ciertas funciones cognitivas y emocionales.
Uno de los aspectos más complejos, explicó, es la impulsividad emocional. Las niñas y los niños pueden reaccionar de manera intensa ante llamados de atención o conflictos con compañeros, maestros o familiares, lo que suele generar problemas en sus relaciones sociales si no reciben apoyo adecuado.
Estas situaciones, advirtió, pueden afectar el autoconcepto y la confianza de los menores, especialmente cuando los adultos atribuyen sus conductas únicamente a falta de disciplina.
Por ello, hizo un llamado a que padres, madres, docentes y cuidadores comprendan que el acompañamiento adulto resulta fundamental para que las infancias desarrollen estrategias que les permitan enfrentar los desafíos asociados al trastorno.
Los especialistas también reconocieron que las escuelas viven un reto importante. Cada vez reciben más estudiantes con necesidades específicas de atención y, en muchos casos, son los propios docentes quienes sugieren a las familias buscar una valoración médica cuando observan dificultades persistentes en el aprendizaje o la convivencia.
En Jalisco, explicaron, existen mecanismos de coordinación entre las instituciones educativas y los servicios especializados para canalizar estos casos y ofrecer una atención integral.
El mensaje final de los expertos fue claro: el aumento en el número de diagnósticos no significa necesariamente que haya más personas con TDAH. Lo que existe hoy son mejores herramientas para reconocer la condición, mayor información entre la población y una creciente sensibilidad hacia la importancia de atenderla de manera profesional.
Lejos de fomentar el autodiagnóstico, los especialistas invitaron a las familias a buscar orientación médica cuando existan dudas, evitando etiquetas o conclusiones precipitadas. Comprender el TDAH desde la evidencia científica y sin prejuicios permite ofrecer mejores oportunidades de desarrollo a quienes viven con esta condición y construir entornos escolares, familiares y sociales más empáticos e incluyentes.