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La llegada de millones de visitantes por el Mundial 2026 genera expectativas económicas, pero especialistas advierten sobre el riesgo de un aumento en la trata y explotación infantil, un problema que ya afecta a miles de menores en México.

La otra cara del Mundial: la infancia en riesgo ante el aumento de la trata y la explotación

Las ciudades se preparan para la fiesta. Se instalan pantallas gigantes, se remodelan espacios públicos, se afinan estrategias de movilidad y se proyectan millones de visitantes. México se alista para recibir una de las mayores vitrinas del planeta con la Copa Mundial de Futbol 2026.

Pero mientras la atención se concentra en estadios, turismo y derrama económica, especialistas advierten sobre una realidad mucho menos visible: la posibilidad de que miles de niñas, niños y adolescentes queden más expuestos a redes de explotación y trata de personas.

La alerta no es menor.

Investigadores del Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) de la Universidad de Guadalajara señalaron que, durante el periodo asociado al Mundial, podría registrarse un incremento de entre 20 y 30 por ciento en delitos vinculados con la trata infantil, incluyendo explotación sexual, mendicidad forzada y trabajo infantil.

Se trata de un fenómeno que suele avanzar en silencio, lejos de las cámaras de televisión y de los discursos oficiales.

Porque detrás de cada gran evento internacional existe una realidad incómoda: mientras millones de personas celebran, consumen y se desplazan, grupos criminales buscan aprovechar el aumento de la actividad económica y turística para obtener ganancias a costa de los más vulnerables.

Una herida que ya existe

La trata infantil no aparecerá con el Mundial. Ya está aquí.

El doctor Ricardo Fletes Corona, jefe del Departamento de Desarrollo Social del CUCSH, recordó que Jalisco ocupa el cuarto lugar nacional en explotación laboral infantil, con más de 175 mil niñas, niños y adolescentes afectados.

La cifra resulta especialmente preocupante porque representa apenas la parte visible del problema.

Muchos menores trabajan en cruceros, mercados, zonas turísticas o espacios públicos sin que exista claridad sobre quién recibe el dinero que generan. Otros son utilizados para pedir limosna, vender productos o realizar actividades que, aparentemente, parecen informales, pero que en realidad forman parte de esquemas de explotación.

La doctora María Antonia Chávez Gutiérrez, investigadora del CUCSH, advierte que detrás de un niño vendiendo dulces o limpiando parabrisas puede existir una estructura mucho más compleja.

“No siempre vemos la explotación. Muchas veces la normalizamos”, explicó.

La situación se vuelve todavía más grave cuando estas dinámicas derivan en explotación sexual, producción de material pornográfico, matrimonios forzados o diversas formas de violencia sistemática contra menores.

Un problema mundial

México no enfrenta esta realidad en solitario.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) ha advertido que la trata de menores continúa creciendo en distintas regiones del mundo y que las niñas y niños representan una proporción cada vez mayor de las víctimas detectadas.

El Informe Mundial sobre Trata de Personas 2024 señala que los menores ya representan cerca de 38 por ciento de las víctimas identificadas a nivel global, una cifra impulsada principalmente por el aumento de la explotación infantil y del trabajo forzoso.

Paralelamente, el trabajo infantil sigue siendo una crisis internacional.

De acuerdo con el informe más reciente de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y UNICEF, alrededor de 138 millones de niñas, niños y adolescentes realizaban trabajo infantil durante 2024. De ellos, aproximadamente 54 millones estaban expuestos a labores peligrosas capaces de afectar su salud, seguridad o desarrollo. A pesar de avances registrados en los últimos años, el mundo no logró cumplir la meta de erradicar el trabajo infantil para 2025.

Las cifras reflejan un fenómeno persistente que atraviesa fronteras, idiomas y sistemas políticos.

¿Por qué los grandes eventos aumentan el riesgo?

No existe evidencia concluyente de que un Mundial provoque automáticamente un aumento masivo de la trata de personas. Sin embargo, organismos internacionales y especialistas coinciden en que los eventos que concentran millones de visitantes generan condiciones que pueden ser aprovechadas por redes criminales.

Más turistas significan mayor movilidad de personas, incremento del consumo, demanda de servicios y una vigilancia institucional sometida a presión.

En ese contexto, las organizaciones dedicadas a la explotación encuentran oportunidades para ocultar actividades ilícitas entre el enorme flujo de visitantes.

Los investigadores de la Universidad de Guadalajara consideran que México llega a esta etapa con una preparación insuficiente.

Mientras organismos internacionales han insistido durante años en la necesidad de implementar campañas preventivas tempranas, los especialistas señalan que muchas de las acciones de protección comenzaron apenas meses antes del arranque del torneo.

La preocupación radica en que combatir la trata no consiste únicamente en desplegar operativos policiacos.

Requiere identificar víctimas, fortalecer sistemas de protección, capacitar a funcionarios, vigilar zonas turísticas, mejorar la coordinación institucional y promover la denuncia ciudadana.

Las raíces del problema

La trata infantil no surge por casualidad.

Detrás de cada caso suele existir una combinación de factores sociales, económicos y culturales.

La pobreza continúa siendo uno de los principales detonantes. Familias con ingresos insuficientes enfrentan mayores dificultades para garantizar educación, alimentación y protección a sus hijos.

La falta de acceso a oportunidades educativas también incrementa la vulnerabilidad. UNICEF y la OIT han documentado que el trabajo infantil y la deserción escolar suelen retroalimentarse: cuando un menor abandona la escuela aumenta el riesgo de explotación; cuando es explotado, disminuyen sus posibilidades de regresar a las aulas.

A ello se suman la violencia familiar, la desigualdad, la migración, el crimen organizado, la corrupción y la impunidad.

Los especialistas del CUCSH identifican otro factor particularmente preocupante: la normalización social.

Muchas personas observan diariamente a menores trabajando en las calles sin cuestionarse quién controla esa actividad o quién obtiene el beneficio económico.

Esa indiferencia, advierten, termina convirtiéndose en un terreno fértil para los explotadores.

Las consecuencias duran toda la vida

La explotación infantil no termina cuando la víctima deja de trabajar o logra escapar.

Las secuelas suelen acompañarla durante años.

Especialistas en protección de la infancia han documentado daños físicos, afectaciones emocionales severas, ansiedad, depresión, trastornos de estrés postraumático, dificultades para establecer relaciones sociales y problemas educativos permanentes.

Además, la explotación limita las oportunidades laborales futuras y contribuye a perpetuar ciclos de pobreza que pueden extenderse por generaciones.

La OIT y UNICEF advierten que millones de niños siguen viendo vulnerados derechos básicos como la educación, el juego y el desarrollo integral.

Cuando la víctima es sometida a explotación sexual, las consecuencias suelen ser todavía más profundas y complejas.

Jalisco y sus focos de alerta

Los especialistas universitarios identifican a Puerto Vallarta, Chapala y San Pedro Tlaquepaque entre las zonas donde históricamente se han detectado riesgos asociados a la explotación de menores.

La combinación de actividad turística, movilidad constante y vulnerabilidad social crea escenarios que requieren vigilancia permanente.

Sin embargo, los investigadores insisten en que el problema no debe entenderse únicamente como un fenómeno localizado.

La trata infantil puede ocurrir en cualquier municipio, colonia o contexto socioeconómico.

Su principal fortaleza es precisamente la invisibilidad.

¿Qué puede hacer la ciudadanía?

La respuesta comienza con observar.

Niñas o niños que parecen estar bajo control permanente de un adulto, menores que trabajan durante largas jornadas, personas que muestran señales de miedo constante o adolescentes que no pueden hablar libremente sobre su situación representan posibles señales de alerta.

También debe llamar la atención la presencia de menores realizando actividades económicas en horarios escolares o entregando dinero de forma sistemática a terceros.

Los especialistas recomiendan no intervenir directamente, ya que podría ponerse en riesgo a la víctima.

La vía adecuada es reportar cualquier sospecha al 911 o presentar una denuncia ante la Fiscalía de Jalisco para que las autoridades especializadas realicen las investigaciones correspondientes.

El verdadero reto

A un año del Mundial, la conversación pública gira principalmente en torno a hoteles llenos, vuelos, estadios y beneficios económicos.

Sin embargo, especialistas advierten que el éxito de un evento de esta magnitud no debería medirse únicamente por la derrama financiera o el número de visitantes.

También tendría que evaluarse por la capacidad de proteger a quienes enfrentan mayores condiciones de vulnerabilidad.

Porque detrás de las luces, los conciertos y las celebraciones, existe una pregunta incómoda que México deberá responder.

Si el país será capaz de garantizar que la mayor fiesta deportiva del planeta no se convierta también en una oportunidad para quienes hacen negocio con la infancia.

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