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Jugadores de Cruz Azul celebran el gol de Rodolfo Rotondi en los minutos finales de la gran final del Clausura 2026 ante Pumas, anotación que selló el décimo título de Liga MX para La Máquina.

La Máquina encontró la gloria en el último suspiro

Ciudad Universitaria contuvo la respiración durante más de 90 minutos. La noche parecía escrita para el sufrimiento, para esos finales que desgarran a una afición y elevan a otra. Y cuando el reloj se acercaba al límite, cuando los tiempos extra ya asomaban en el horizonte, Cruz Azul encontró el gol que cambió su historia reciente y le entregó la anhelada décima estrella.

El Estadio Olímpico Universitario lucía imponente. Las tribunas mezclaban el azul auriazul con el celeste de miles de aficionados que soñaban con una noche inolvidable. El empate sin goles de la ida había dejado todo abierto. Noventa minutos separaban a Pumas y Cruz Azul de la gloria.

Desde el silbatazo inicial, la tensión se sintió en cada balón dividido. Ninguno quería regalar espacios. Cada pase tenía el peso de una final. Cada recuperación era celebrada como un gol.

Pumas fue el primero en golpear.

Al minuto 30, el Olímpico Universitario explotó. El paraguayo Robert Morales apareció en el área para adelantar a los universitarios y encender la esperanza de una afición que lleva años esperando volver a levantar un campeonato. Los abrazos bajaron de las gradas hasta la cancha. El sueño auriazul comenzaba a tomar forma.

Cruz Azul, sin embargo, no perdió la calma.

Los cementeros regresaron del descanso con la obligación de reaccionar y lo hicieron empujados por su carácter. La presión comenzó a inclinar el terreno de juego. Los celestes adelantaron líneas, buscaron profundidad y obligaron a Pumas a defender cada metro.

La recompensa llegó temprano en la segunda mitad.

Una peligrosa llegada encabezada por Rodolfo Rotondi terminó en un desafortunado autogol de Rubén Duarte. El empate devolvió la vida a Cruz Azul y silenció por momentos a Ciudad Universitaria. El marcador volvía a equilibrarse y la final entraba en territorio desconocido.

Entonces comenzó la batalla emocional.

Pumas resistía con orgullo. Cruz Azul atacaba con insistencia. Los minutos avanzaban y la sensación era que cualquier detalle definiría al campeón. Los entrenadores movían piezas desde la banca mientras las piernas comenzaban a resentir el desgaste de una larga temporada.

Cada despeje parecía definitivo.

Cada centro generaba angustia.

Cada remate provocaba un silencio expectante.

Y cuando el tiempo reglamentario agonizaba, llegó la jugada que quedará grabada en la memoria de la afición cementera.

Corría el tiempo agregado cuando Rodolfo Rotondi apareció una vez más. El argentino, protagonista durante toda la liguilla, encontró el espacio necesario para definir y enviar el balón al fondo de las redes. El estallido fue inmediato. Jugadores corriendo sin rumbo fijo, abrazos interminables en la banca y miles de aficionados celestes celebrando una anotación que valía un campeonato.

La desesperación se apoderó de Pumas.

La tensión alcanzó su punto máximo cuando Uriel Antuna fue expulsado tras una revisión del VAR en los instantes finales. Los universitarios quedaron con diez hombres y el tiempo ya no alcanzó para una última reacción.

El silbatazo final desató la fiesta.

Los jugadores de Cruz Azul cayeron al césped entre lágrimas y abrazos. La décima estrella ya era una realidad. Un título construido contra la adversidad y bajo el mando de Joel Huiqui, quien tomó al equipo en la recta final del torneo y terminó guiándolo hasta la cima del fútbol mexicano.

Para Pumas quedó el reconocimiento a una campaña extraordinaria, pero también la amargura de ver cómo el campeonato se escapó cuando parecía al alcance de las manos. Los universitarios volvieron a quedarse cerca de terminar una larga sequía que ya supera una década.

La noche terminó teñida de celeste.

En el corazón de Ciudad Universitaria, Cruz Azul escribió una nueva página de su historia. Una página marcada por la resistencia, la fe y un gol en el último suspiro que transformó la angustia en celebración.

La Máquina volvió a ser campeona. Y lo hizo de la manera que más recuerdan los aficionados: sufriendo hasta el final y encontrando la gloria cuando parecía que el tiempo se agotaba.

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