Cada 27 de abril, México conmemora el Día Nacional de la Prevención de Quemaduras en Niñas, Niños y Adolescentes, una fecha que busca visibilizar una de las lesiones más graves y, al mismo tiempo, más evitables en la infancia. Las quemaduras no solo implican daño físico; también generan secuelas emocionales, psicológicas y sociales que pueden acompañar a las víctimas durante toda su vida.
En instituciones como el Hospital Civil de Guadalajara, particularmente en la unidad especializada del “Fray Antonio Alcalde”, se atiende a pacientes pediátricos con un enfoque integral que incluye cirugía, rehabilitación y acompañamiento psicológico. Este modelo refleja la complejidad de estas lesiones, consideradas entre las más severas que puede sufrir el ser humano.
Especialistas advierten que las quemaduras se mantienen como una de las cinco principales causas de mortalidad infantil en el país. El grupo más vulnerable lo integran niñas y niños de entre uno y cuatro años, quienes, por su etapa de desarrollo, exploran su entorno sin dimensionar los riesgos, especialmente en espacios como la cocina y el baño.
Cifras en México: un problema persistente
Las estadísticas muestran la magnitud del problema. En México, se estima que alrededor de 128 mil personas sufren quemaduras cada año, de las cuales cerca de 42 mil son menores de edad, según datos del Centro Nacional de Investigación y Atención a Quemados.
Además, especialistas advierten que hasta el 95 por ciento de los casos podrían prevenirse con medidas básicas de seguridad en el hogar.
Estudios epidemiológicos también señalan que:
- Más del 65% de los casos en niños ocurre en menores de cinco años.
- El agua caliente es la principal causa, responsable de más de la mitad de las lesiones.
- La mayoría de los incidentes ocurre dentro del hogar, especialmente durante la tarde y noche.
A nivel hospitalario, el Hospital Civil de Guadalajara atiende más de 300 pacientes pediátricos al año por este tipo de lesiones, con una ocupación constante en su unidad especializada.
¿Qué hacer en caso de una quemadura?
La atención inmediata puede marcar la diferencia entre una lesión leve y una complicación grave. Ante una quemadura, especialistas recomiendan:
- Enfriar la zona afectada con agua limpia a temperatura ambiente durante al menos 10 a 20 minutos.
- Retirar ropa o accesorios cercanos, siempre que no estén adheridos a la piel.
- No aplicar remedios caseros como mantequilla, pasta dental o aceites, ya que pueden agravar la lesión.
- Cubrir la quemadura con una tela limpia o gasa estéril.
- Evitar reventar ampollas, ya que protegen contra infecciones.
- Acudir de inmediato a un servicio médico si la quemadura es extensa, profunda o afecta cara, manos, pies o genitales.
En el caso de niñas y niños, la atención médica debe ser prioritaria, incluso en lesiones que parecen menores.
Prevención: la clave para reducir riesgos
Dado que la mayoría de los casos ocurre en el hogar, las acciones preventivas son fundamentales:
- Supervisión constante de menores, especialmente en cocina y baño.
- Mantener líquidos calientes fuera de su alcance y usar las hornillas traseras de la estufa.
- Regular la temperatura del agua antes del baño.
- Evitar el uso de pirotecnia en presencia de menores.
- Guardar cerillos y encendedores en lugares seguros.
- Educar a niñas y niños sobre riesgos desde edades tempranas.
La prevención no solo implica vigilancia, sino también educación y adaptación del entorno doméstico.
Más allá de la lesión: el impacto emocional
El tratamiento de quemaduras no termina en la recuperación física. De acuerdo con especialistas, el acompañamiento psicológico es esencial tanto para las y los pacientes como para sus familias. Las secuelas emocionales —como ansiedad, miedo o dificultades de socialización— pueden ser profundas si no se atienden a tiempo.
El trabajo multidisciplinario que realizan instituciones como el Hospital Civil de Guadalajara incluye psicólogos, nutriólogos, cirujanos y rehabilitadores, con el objetivo de lograr una reintegración plena de los pacientes a su vida cotidiana.
Las quemaduras infantiles representan un problema de salud pública que, pese a su gravedad, tiene un alto potencial de prevención. La información, la vigilancia y la intervención oportuna siguen siendo las herramientas más efectivas para evitar que estos accidentes se conviertan en tragedias.