PILAR PORTOCARRERO
Vivimos en un mundo de facilismo donde nos vamos acomodando a los inventos, las modas, las circunstancias y la ley del menor esfuerzo.
¿Quieres adelgazar?, para qué matarte haciendo ejercicios y llevando una buena alimentación, si ahora hay centros de estética que en unas cuantas horas te quitan la grasa, moldean tu figura y te dejan mejor de lo que estabas.
No hay tiempo para nada, y si a eso le agregas tu cuota de flojera todo se complica. Vivimos idiotizados por la tecnología que nos absorbe el 60 % de nuestras horas, y el resto del tiempo lo tenemos que dividir entre el trabajo y nuestras relaciones personales, que no siempre andan bien.
Vamos como tarambanas de relación en relación repitiendo errores de los que a veces somos conscientes, y otras tantas ignoramos por no detenernos a pensar qué pasa en nuestra vida y por qué no logramos ser felices.
¡Eso cansa…! Además corremos el riesgo de darnos cuenta que somos culpables, cuando preferimos responsabilizar a los demás de nuestra infelicidad. Y como hemos aprendido a ponernos una coraza, cuando se trata del amor preferimos no complicarnos la vida.
Para eso están las relaciones abiertas y los encuentros fugaces que nos quitan toda responsabilidad y problemas de celos, posesión y tener que marcar tarjeta a la hora que llegamos a casa o si ya estamos en la oficina. Nos centramos en el placer y el momento, y nos cuidamos de poner el límite para que nadie interfiera con nuestra tranquilidad.
Es una forma fácil de ir capeando el temporal, una manera de engañarnos y de vivir insustancialmente por miedo a comprometernos y volver a sufrir. Pero la vida se trata siempre de apostar y de lanzarse al ruedo empolvándonos y ensuciándonos los pies. Fajarnos por un amor y luchar con todo para preservarlo y cuidarlo de la desconfianza y los condimentos que le quitan su pureza.
Las relaciones banales te ayudan a pasar las horas, no te afectan emocionalmente, pero tampoco te llenan el corazón. No dejan recuerdos que merezcan la pena, cuando la vida es un conjunto de momentos que escribimos para recordar y volver a vivir con una sonrisa o una lágrima que nos hace sentir vivos y parte de este mundo.
“Soñar es solo el principio”