El estadio en Miami no respiraba: contenía el aire. En la novena entrada, con el juego empatado y la tensión estirada al límite, un batazo rompió el silencio. No fue un jonrón ni un rugido anticipado. Fue un doble, seco, oportuno, quirúrgico. El swing de Eugenio Suárez cruzó el diamante ...
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