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La charrería en Jalisco se consolida como tradición viva y referente nacional, con equipos como los Charros de Jalisco y una amplia participación comunitaria.

Jalisco también es deporte, cultura y tradición en la charrería

Por Salomón González

Hablar de Jalisco es hablar de identidad. Es polvo de la tierra del lienzo que se levanta con dignidad. Es el eco de la marcha de Zacatecas que anuncia competencia. Yo lo he visto, lo he sentido y lo he contado con el color de la charrería: en esta tierra bendita donde no es solo deporte, es cultura viva y tradición que galopa firme.

Desde muy temprano, cuando el sol apenas pinta de oro los potreros, el ambiente huele a cuero y a campo. “A darle recio”, me dice un viejo charro mientras ajusta la reata y su cabalgadura. Y así es Jalisco: recio, elegante, orgulloso de sus raíces y su origen. Aquí la fiesta charra se vive con el corazón en la mano y la mirada puesta en el ruedo.

Los Charros de Jalisco doce veces campeones nacionales portan con honor su lema eterno: “Patria, mujer y caballo”, tres palabras que resumen una filosofía de vida con un amplio legado. Bajo el liderazgo de su presidente, Salvador Sánchez Orozco, el compromiso es claro: preservar la tradición y competir con gallardía en cada escenario donde suene el himno charro.

Guadalajara, testigo fiel de muchas competencias charras, vibra cada vez que se abren las puertas del lienzo. La capital jalisciense no solo observa; siente, respira y aplaude. Aquí se concentra un número importante de equipos registrados ante la Federación Mexicana de Charrería FMCh, organismo que preside otro gran jalisciense Salvador Barajas del Toro y que rige una gestión que atiende con orden y visión el deporte nacional por excelencia.

No es casualidad que Jalisco sea un referente nacional en estas lides y marque la pauta en diversos certámenes. En cada cala de caballo, en cada pial bien plantado, suerte de colas y en cada mangana a pie y a caballo que arranca el aplauso, se escribe historia. “Despacio que llevo prisa”, susurra el charro antes de salir al ruedo. Porque en la charrería no solo cuenta la fuerza; cuenta la técnica, la elegancia y el respeto por la tradición.

He sido testigo de cómo las familias enteras, aficionados y amigos se encuentran cuando acuden al lienzo. La niñez y juventudes asisten también, incluso los abuelos con mirada orgullosa, mujeres que honran con valentía los equipos de escaramuzas. Todo es comunidad. Todo es identidad. Así late Jalisco.

La charrería es disciplina, es herencia, es presente y futuro con la preparación de nuevos talentos que vienen surgiendo. Es el reflejo de una cultura que no se rinde, que es pasión, entrega y talento. Y mientras exista un charro dispuesto a ceñirse el sombrero y montar con honor, Jalisco seguirá siendo un semillero de charros y escaramuzas que nos distinguen en el país y el extranjero.

Porque aquí no se improvisa. Aquí se nace charro. Y cuando la marcha de Zacatecas llama, el corazón responde.

“En Jalisco la tradición no se presume… se demuestra en cada charreada”.

Con las faenas en el lienzo nos encontramos, y que el Supremo Caporal reparta suerte.

charrosdeorigenjalisco@gmail.com

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