El espectáculo de medio tiempo del Super Bowl LX, protagonizado por el artista puertorriqueño Bad Bunny, generó una amplia ola de reacciones en México, donde figuras de la política nacional —desde funcionarios federales y legisladores hasta un expresidente— coincidieron en destacar el mensaje de identidad, inclusión y amor que el cantante llevó al escenario más visto del mundo.
Uno de los pronunciamientos más relevantes fue el del expresidente Vicente Fox Quesada (2000-2006), quien subrayó que cuando el espectáculo deportivo de mayor audiencia global se llena de identidad, idioma y símbolos, el impacto va más allá del entretenimiento.
“El show de Bad Bunny abrió una conversación pacífica sobre el momento que vive Estados Unidos. The only thing more powerful than hate is love”, escribió el exmandatario en sus redes sociales.
En la misma línea, la titular de la Secretaría de las Mujeres, Citlalli Hernández Mora, celebró que el espectáculo fuera un homenaje a la cultura latinoamericana en uno de los eventos deportivos con mayor atención en Estados Unidos. La funcionaria destacó el mensaje central del artista y afirmó que “es mal tiempo para ser tibios y cómplices del odio”.
Desde el Senado, Javier Corral Jurado, legislador de Morena, calificó como “vigorosa” la presencia de Bad Bunny y resaltó lo que consideró una expresión latinoamericana sin precedentes en el Super Bowl. El senador señaló que la actuación ocurrió en un contexto marcado por denuncias de persecución y abusos contra personas migrantes, lo que dotó al espectáculo de una carga simbólica adicional.
También hubo reacciones desde Movimiento Ciudadano. Su dirigente nacional, Jorge Álvarez Máynez, compartió que uno de sus momentos favoritos fue la escena del niño dormido en las sillas durante una boda ficticia, mientras sonaba Baile Inolvidable.
Por su parte, el gobernador de Nuevo León, Samuel García Sepúlveda, publicó una imagen del artista acompañada del mensaje “latinosssss”, en alusión al orgullo cultural expresado en el escenario.
Estas expresiones contrastaron con la reacción del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, quien desde su red social Truth Social criticó duramente el espectáculo, al que calificó como “absolutamente terrible” y una afrenta a los valores estadounidenses. El mandatario cuestionó tanto el contenido musical como la puesta en escena, en un mensaje que generó debate en redes sociales.
Una oda a la identidad latina
Con el grito “¡Qué rico es ser latino!”, Bad Bunny transformó el escenario del Super Bowl en una colorida oda a Latinoamérica. El artista abrió su presentación con Tití me preguntó, vestido con un traje blanco que simulaba una equipación de fútbol americano y portando un balón, para después dar paso a Yo Perreo Sola, tema convertido en himno contra el acoso y dedicado a las mujeres.
Uno de los elementos centrales del espectáculo fue la ya icónica “casita”, una réplica de una vivienda típica de Puerto Rico, que sirvió como punto de encuentro para una fiesta cargada de invitados. Durante la actuación aparecieron figuras como Cardi B, Karol G, Pedro Pascal, Jessica Alba, Young Miko y David Grutman, además de las participaciones vocales de Lady Gaga y Ricky Martin.
“Buenas tardes California, mi nombre es Benito Antonio Martínez Ocasio”, se presentó el artista antes de interpretar Mónaco, acompañado de un mensaje de superación personal dirigido al público. La puesta en escena incluyó referencias a la diversidad cultural de Estados Unidos, como una boda simbólica entre una persona migrante y un ciudadano estadounidense.
El clímax llegó con Baile Inolvidable y NUEVAYoL, momento en el que el estadio Levi’s estalló en júbilo. El espectáculo incorporó elementos culturales como la bomba puertorriqueña, sillas blancas, el sapo concho —anfibio endémico de Puerto Rico— y referencias a temas sociales como los apagones en la isla.
En los minutos finales, Bad Bunny pronunció las únicas palabras en inglés de su actuación: “God bless America”, antes de mencionar países del continente y mostrar en el escenario las banderas de Latinoamérica, cerrando una presentación que, más allá del deporte, colocó el debate cultural y político en el centro del Super Bowl.