El número de niñas, niños y adolescentes que cada año reciben atención por síntomas de depresión y ansiedad en el Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde” se ha incrementado de manera sostenida en las últimas décadas, al pasar de 67 registros en 1997 a alrededor de dos mil casos en 2025, de acuerdo con información del propio hospital.
El doctor Miguel Ángel Flor Tinajero, jefe del Servicio de Paidopsiquiatría de esta institución, explicó que este aumento está relacionado principalmente con cambios en la dinámica familiar cotidiana, la presencia de pérdidas familiares, así como una mayor y más temprana exposición a pantallas y contenidos digitales que no siempre son adecuados para la edad.
Este incremento, señaló, también refleja un contexto social marcado por estados de depresión y ansiedad que impactan con mayor fuerza a la niñez y la adolescencia, al tratarse de etapas clave en el desarrollo de la personalidad y del proyecto de vida.
“La sociedad vive en constante estado de depresión, pero el problema se agrava en niñas, niños y adolescentes porque están en una etapa de formación. Son más vulnerables y cualquier factor adverso tiene un impacto más profundo”, explicó el especialista.
De acuerdo con el Servicio de Paidopsiquiatría, la principal causa del desarrollo de problemas de salud mental en este sector de la población es la violencia, en sus distintas manifestaciones. Las y los menores están expuestos a maltrato físico y emocional en el hogar, así como a entornos sociales hostiles donde son frecuentes el acoso escolar, el ciberbullying, las desapariciones y los asesinatos, situaciones que afectan de manera directa su estabilidad emocional.
“En la consulta diaria vemos todas las violencias: física, emocional, psicológica y sexual. Secuestros, desapariciones, acoso escolar, violencia entre parejas que los niños perciben, violencia en la comunidad. Todo esto propicia problemas de salud mental en los menores”, explicó Flor Tinajero.
A estos factores se suma el tiempo prolongado que muchas niñas y niños pasan solos en casa debido a que madres y padres deben salir a trabajar. Esta ausencia no sólo implica falta de supervisión física, sino también de acompañamiento emocional, lo que deja a los menores en una situación de vulnerabilidad.
En este contexto, muchos recurren a la tecnología como una forma de llenar el tiempo y la soledad, a través de videojuegos, redes sociales, chats o páginas de internet que no siempre son apropiadas para su edad. El especialista advirtió que algunos de estos contenidos exponen a las y los menores a niveles de violencia que pueden dejar secuelas graves.
“Tenemos casos de niñas, niños y adolescentes que ingresan a páginas o juegos que lastiman su mente. Juegos violentos, mensajes violentos que los dejan tan marcados que desarrollan estrés postraumático, como si hubieran ido a la guerra. La mente ya no es igual para ese niño”, advirtió.
Incluso, señaló que se han atendido casos extremos en los que los retos de ciertos videojuegos implican conductas de alto riesgo, lo que pone en peligro tanto a los menores como a su entorno familiar.
Las consecuencias de esta exposición suelen manifestarse inicialmente con alteraciones del sueño, miedos constantes o cambios en el estado de ánimo. Conforme el problema avanza, pueden presentarse cuadros de depresión, ansiedad, bajo rendimiento escolar o incluso abandono de la escuela.
“Lo que el niño no puede expresar con el pensamiento lo expresa con la conducta. Entre más pequeño es, más se manifiesta a través de cambios conductuales. En la adolescencia ya pueden expresar más con palabras, pero el problema sigue estando ahí”, explicó el jefe de Paidopsiquiatría.
No todos los casos llegan de manera directa al área especializada. En algunos, las y los menores acuden primero a servicios de urgencias por golpes u otros síntomas asociados a distintas formas de violencia, y es a partir de ahí que son canalizados a psicología o psiquiatría infantil.
La familia, antes y después
El especialista subrayó que la familia es el principal núcleo donde niñas, niños y adolescentes deben encontrar orientación, contención y acompañamiento. También es, en muchos casos, el punto de partida para la solución de los problemas de salud mental, siempre que exista una intervención oportuna.
El Hospital Civil de Guadalajara “Fray Antonio Alcalde” es una de las pocas instituciones públicas en el país que ofrece hospitalización psiquiátrica infantil. Cada año, entre 200 y 300 pacientes requieren internamiento por periodos de una a dos semanas, principalmente para estabilizar cuadros de agitación severa o ideación suicida.
De acuerdo con Flor Tinajero, cuando existe una atención integral que involucra al equipo médico, a la familia y a la escuela, el índice de recuperación alcanza hasta 99 por ciento de los casos. El tratamiento, puntualizó, no se limita al uso de medicamentos, sino que incluye terapia psicológica y trabajo conjunto con el entorno del menor.
El especialista hizo un llamado a madres y padres a detectar de manera oportuna cambios en la conducta de sus hijas e hijos, y a no minimizar comportamientos que antes no se presentaban.
“Si no hay conciencia, no hay cambio. Es importante que los padres se den cuenta y busquen ayuda profesional. El gran problema es cuando no se acepta que algo está pasando, porque entonces el niño queda en riesgo”, subrayó.
Finalmente, destacó que en muchos casos también es necesario que los adultos reciban atención psicológica o psiquiátrica, ya que los problemas emocionales de madres y padres influyen directamente en el bienestar de niñas, niños y adolescentes.