Las recientes salidas de Ignacio “Nacho” Rivero y Ángel “Cuate” Sepúlveda de Cruz Azul no obedecieron únicamente a razones deportivas, sino a una lucha de poder al interior del vestidor, de acuerdo con lo revelado por el periodista David Medrano, de Azteca Deportes.
Según la información, ambos futbolistas eran considerados líderes del vestidor cementero, pero en el transcurso del torneo surgieron desacuerdos con el director técnico Nicolás Larcamón, situación que derivó en una pérdida progresiva de protagonismo dentro del equipo.
Medrano explicó que el conflicto no fue inmediato, sino que se desarrolló de forma gradual, hasta convertirse en un factor que afectaba la dinámica interna del plantel y el control del cuerpo técnico sobre el grupo.
Pérdida de protagonismo deportivo
En el caso de Ángel Sepúlveda, tras superar una lesión ya no volvió a consolidarse como titular, pese a haber sido una pieza importante en etapas anteriores. Por su parte, Nacho Rivero intentó responder dentro del terreno de juego, aunque fue relegado durante gran parte del torneo regular.
La situación cambió de manera llamativa en el partido de Liguilla ante Chivas, cuando Larcamón decidió alinear a ambos como titulares. Esta decisión habría sido clave para que la directiva tomara cartas en el asunto.
Intervención de la directiva
De acuerdo con el reporte, Iván Alonso, director deportivo de Cruz Azul, detectó que Rivero y Sepúlveda seguían teniendo un peso significativo dentro del vestidor, aun cuando su rol en la cancha había disminuido.
Ante este escenario, y con la intención de reducir tensiones internas y fortalecer la autoridad del cuerpo técnico, la directiva optó por prescindir de ambos jugadores, decisión que explica sus salidas recientes del club.
La medida forma parte de una reestructuración interna que busca alinear el proyecto deportivo con el liderazgo de Larcamón y evitar divisiones al interior del plantel.
Larcamón, sin margen de error
El análisis de David Medrano subraya que, tras estos movimientos, Nicolás Larcamón se queda prácticamente sin excusas para no competir seriamente por el campeonato. Con el vestidor reconfigurado y el respaldo de la directiva, la presión sobre el estratega argentino aumentará de cara al torneo Clausura 2026.
A este contexto se suma que Cruz Azul está muy cerca de concretar el fichaje de Agustín Palavecino, quien se reencontraría con José Paradela y el propio Larcamón, reviviendo el tridente que en su momento hizo protagonista al Necaxa.
Expectativa de título
Con una plantilla renovada, posibles refuerzos y un vestidor depurado, la exigencia en La Noria será clara: pelear por el título. De no conseguir resultados en el corto plazo, la paciencia de la directiva y la afición con Larcamón podría agotarse.
El Clausura 2026 se perfila así como un torneo determinante para el futuro del proyecto deportivo de Cruz Azul, en el que los movimientos recientes marcaron un antes y un después en la estructura interna del equipo.