El dengue continúa siendo una de las enfermedades virales más persistentes en México y su comportamiento, lejos de estabilizarse, muestra patrones cada vez más marcados. Así lo revelan especialistas del Centro Universitario de Tlajomulco (CUTlajomulco) de la Universidad de Guadalajara, quienes presentaron los resultados de la investigación “Patrones cíclicos del dengue en México: 40 años de análisis”, un estudio que examina el comportamiento epidemiológico del virus desde 1985 hasta 2025.
El trabajo detalla cómo diversos factores —desde la inmunidad poblacional hasta la aparición de nuevos serotipos, alteraciones ecológicas y cambios en el comportamiento humano— se combinan para favorecer los ciclos de transmisión del dengue. La doctora Patricia Noemí Vargas, Jefa del Departamento Materno Infantil del CUTlajomulco, explicó que estos ciclos se observan también en regiones como Singapur, Tailandia, Vietnam, Brasil, Perú y Sri Lanka, donde se repiten brotes intensos que tienden a aparecer cada cinco años.
“Podemos apreciar que en México, así como en otras partes del mundo, existe una norma global, donde cíclicamente se presenta un alto pico epidemiológico cada cinco años, normalmente con un serotipo diferente al del brote pasado, afectando directamente a la inmunidad poblacional”, señaló.
Añadió que los registros muestran un crecimiento sostenido de casos, con Veracruz y Jalisco como las entidades más afectadas, este último con más de 216 mil contagios acumulados en cuatro décadas.
La doctora Judith Carolina de Arcos, profesora e investigadora del CUTlajomulco, indicó que el estudio constituye uno de los análisis más amplios realizados en el país sobre el dengue, al integrar series históricas de 40 años con tasas de contagio, estacionalidad, tendencias y residuos epidemiológicos.
“Gracias a estos estudios podemos apreciar cómo en 1985 había sólo cinco mil casos registrados en el país; ahora hay casi 40 mil. También se confirma que existe una temporalidad muy marcada: los contagios aumentan durante los meses de lluvias, como julio, agosto y septiembre”, explicó.
De Arcos subrayó que el cuerpo humano desarrolla inmunidad contra el serotipo predominante en cada pico epidemiológico pero no contra los otros tres, lo que incrementa la vulnerabilidad cuando surge un serotipo distinto. La circulación de serotipos cambiantes es clave para explicar los repuntes periódicos.
Por su parte, la doctora Ana María López Yañez, también investigadora del CUTlajomulco, destacó que en los últimos ciclos se ha observado un incremento de más de 1,275 casos en cada nuevo pico, impulsado por factores como la urbanización acelerada, el aumento de temperaturas, la movilidad territorial y la exposición previa a otros serotipos.
“En este último pico pudimos identificar una prevalencia del 95 por ciento del serotipo 3, lo que elevó los casos que requirieron hospitalización. Este tipo de análisis ayuda a identificar que la transmisión es esporádica y menos definida en estados alejados de la costa, y que la dinámica de propagación cambia con el tiempo”, dijo.
Las especialistas coincidieron en que estas variaciones pueden ser útiles para reforzar las estrategias de prevención y control, especialmente en entidades con condiciones climáticas y urbanas que favorecen la presencia del mosquito Aedes aegypti.
Aunque existen vacunas distribuidas en varios países, advirtieron que no están dirigidas a toda la población y que incluso pueden resultar contraproducentes para quienes nunca han contraído el virus, debido al fenómeno de “potenciación dependiente de anticuerpos”.
Como alternativa, destacaron un método que ha mostrado resultados alentadores en Baja California: la liberación de mosquitos portadores de una bacteria que limita la replicación del virus sin causar daños al ser humano ni al ecosistema.
“Es la alternativa más segura y cercana que tenemos para enfrentarnos al dengue; sin embargo, todavía falta para poder extenderla al resto del país”, precisó De Arcos.
La investigación completa puede consultarse en la publicación científica correspondiente.