La figura de Mario Vargas Llosa fue recordada en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) como la de un creador polifacético, un intelectual influyente en la política de Perú y un pensador que mantuvo una relación cercana con esta feria a lo largo de los años. Sus colegas y amigos participaron en la charla “El humanista universal”, organizada dentro del programa FIL Literatura, para rendir homenaje al autor peruano.
Quienes convivieron con él destacaron su capacidad para transitar entre la literatura, la política y la vida pública. El periodista y escritor peruano Raúl Tola recordó el impacto que tuvo Vargas Llosa en su vida cuando lo conoció durante su campaña presidencial en 1990. Señaló que su curiosidad permanente marcó tanto su obra como su manera de observar el mundo: “Siempre buscaba lo nuevo, se dejaba sorprender”, afirmó.
Marisol Schulz, directora general de la FIL, compartió detalles de los 17 años en los que fue su editora, etapa en la que fortalecieron una relación cercana. Recordó al Nobel de Literatura como un autor generoso, atento y de trato amable, alguien con quien la conversación siempre fluía, ya fuera en los pasillos de la feria o durante las actividades de la Bienal Mario Vargas Llosa.
Schulz describió además la faceta mediática del escritor, quien disfrutaba de la vida pública y no se limitaba al ámbito literario o político. Señaló que esa diversidad de intereses revelaba un humanismo amplio, capaz de abarcar múltiples escenarios: “Hay muy pocas personas que puedan tener tantas facetas y casi todas hacerlas bien”, comentó entre risas, aludiendo a su fallido intento como actor.
Pedro Cateriano, político peruano, destacó que Vargas Llosa asumió tanto su literatura como su participación pública con una postura crítica y comprometida. Subrayó que el autor nunca se desvinculó de la compleja realidad latinoamericana y que su obra refleja la coherencia con la que defendió sus ideas. “Fue un escritor que actuó con criterio desde joven y se mantuvo comprometido hasta el final”, señaló.
La FIL recordó así a uno de sus asistentes más constantes y queridos, un autor que encontró en este espacio un punto de encuentro con lectores y colegas, y cuyo legado permanece vigente en la literatura en español.