La transformación que vive la industria audiovisual mexicana no sólo responde a los cambios en sus plataformas de distribución, sino también a la evolución de las historias que se cuentan y a quiénes las narran. En la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL) se abrió un espacio para reflexionar sobre este cambio durante la mesa “Del libro a la pantalla: la voz y la agencia de las mujeres”, donde cuatro guionistas y realizadoras coincidieron en que, aunque las miradas femeninas han ganado presencia, persisten desigualdades estructurales dentro del sector.
Ana Laura Rascón, productora de filmes como La caída, explicó que en los últimos años se ha logrado un avance notable en la visibilidad de proyectos escritos, dirigidos o protagonizados por mujeres. Sin embargo, reconoció que la brecha de género sigue siendo clara, especialmente en el número de producciones que alcanzan una distribución amplia o un impacto significativo en taquilla y plataformas digitales. “Es una brecha de género que todavía existe, y aún necesitamos ganar un lugar en la ficción y en las historias que contamos”, afirmó.
Rascón subrayó que para consolidar un cambio real es necesario fortalecer la presencia de mujeres en todas las etapas de producción: desde el desarrollo de guiones hasta la toma de decisiones comerciales. Señaló que los desafíos se mantienen no sólo por limitaciones económicas o institucionales, sino también por inercias culturales que históricamente han relegado las narrativas femeninas a géneros o temas considerados “menores”.
Mónica Lozano, fundadora de Alebrije Producciones y referente del cine latinoamericano por películas como Amores perros y No se aceptan devoluciones, coincidió en que esta desigualdad persiste. Compartió que a lo largo de su carrera ha enfrentado cuestionamientos recurrentes respecto a por qué no produce más contenidos centrados exclusivamente en mujeres, como si la responsabilidad del cambio recayera únicamente en las creadoras. Recordó que, desde la producción, existe la posibilidad de influir en la representación de roles de género y de cuestionar estereotipos tradicionales, pero advirtió que esta transformación no se da automáticamente ni a la velocidad deseada.
Lozano destacó que el auge de las plataformas de streaming ha abierto nuevas oportunidades creativas. La estructura narrativa menos rígida y la posibilidad de contar historias a lo largo de varios episodios han permitido abordar conflictos más complejos y sensibles, incluyendo aquellos que, durante décadas, fueron silenciados o descartados por la industria cinematográfica tradicional. Esta mayor “audacia”, dijo, está generando obras con protagonistas femeninas más completas, diversas y desafiantes.
La guionista y showrunner Fernanda Eguiarte, conocida por su trabajo en La flor más bella y Valeria, habló de su próxima adaptación de Mal de amores, la novela de Ángeles Mastretta. Explicó que la historia de Emilia —una mujer que vive en la época de la Revolución mexicana, pero cuyos dilemas siguen resonando hoy— representa una reivindicación de los deseos y contradicciones femeninas. “Es una mujer que está creciendo mientras se da cuenta de que desea a dos hombres, y que es válido; que quiere estar con su familia y también salir a vivir aventuras, y nunca pide perdón por estar dividida y desear”, señaló.
Eguiarte afirmó que personajes como Emilia o como las protagonistas de la serie Las muertas constituyen ejemplos de “desobediencia pura”, una resistencia ante las normas sociales que han intentado definir lo que una mujer debe ser, desear o callar. Para la guionista, mostrar estas complejidades en pantalla es una forma de reivindicar la agencia femenina en un contexto histórico donde las decisiones de las mujeres han sido constantemente cuestionadas.
Las participantes coincidieron en que ya no basta con ocupar la pantalla con figuras femeninas; lo importante es retratarlas con matices, contradicciones, errores y fuerza. La nueva narrativa exige mostrar mujeres que dudan, que fallan y que se levantan, en contraste con representaciones idealizadas o estereotipadas que dominaron la producción audiovisual durante décadas. Subrayaron que esta evolución no sólo transforma la ficción, sino que también dialoga con la realidad, donde las mujeres luchan cada día por espacios de autonomía y reconocimiento.
Para la industria, apuntaron, este cambio también implica ampliar los equipos creativos, permitir nuevas voces y garantizar que las historias lleguen al público sin filtros que limiten su autenticidad. Las creadoras resaltaron que la FIL, como punto de encuentro entre literatura y audiovisual, es un escenario privilegiado para explorar estas conversaciones y para impulsar proyectos que rompan con narrativas tradicionales.
La mesa concluyó con un llamado a persistir en la apertura de espacios para mujeres narradoras, directoras, productoras y creadoras de contenido, con la convicción de que la diversidad narrativa fortalece a toda la industria y amplía las posibilidades de representación para nuevas generaciones de espectadoras y espectadores.