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A Carlos Manzo lo mató su mayor miedo: Un adolescente en manos del crimen

El presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo, en una incursión por aire a Paracho, en Michoacán, detectó un grupo criminal que tenía un campamento y centro de adiestramiento, sí como el de Teuchitlán en Jalisco, solo que este a 15 kilómetros de su pueblo.

Ya habían encontrado en esa zona jóvenes muertos, casi niños, y a la vista esa vez vio a más de ellos, con ropa camuflajeada, chalecos y armas de alto poder.

Le quedó entonces en claro que en la meseta de Paracho un cártel entrenaba niños y adolescentes como sicarios.

A partir de entonces se volvió su mayor miedo. No por él, por sus hijos, por los de otros, por los niños y adolescentes de su pueblo. No quería que acabaran así, muertos o detenidos. No quería que cayeran en las garras del crimen organizado.

Así lo expresó a N+ en una entrevista, a otros medios de comunicación, sus afirmaciones de regaron como pólvora y evidentemente incomodó a alguien.

En el mes de julio compartió esos videos. Entonces platicó sobre lo que acontecía en Capacuaro, Michoacán; la disciplina paramilitar en la zona montañosa de San Lorenzo.

Fusiles calibre 50, lanzagranadas y drones, era parte del armamento que enseñaban a usar a estos jóvenes.

En un operativo en la zona se localizó un empresario de la región dedicado a la producción de guayaba. Lo tenían en el cerro de la Cruz y pedían rescate, pero antes llegó a la policía municipal.

“¿Saben quien tiene la responsabilidad, la más importante?…ustedes, sus familias, les dijo días mas tarde a padres y madres de familia, a quienes en un evento público les invitó a denunciarlos, “denúncienlos, denúncienlos, dejen de ser alcahuetes de hijos que son asesinos, que son sicarios, de hijos rateros, de hijos que andan secuestrando”.

Justificó ese momento argumentando que su mayor temor es que ellos fueran asesinados o detenidos y frustraran sus vidas. Además de que “se lleven a personas inocentes entre sus piés”

Las historias que quería que no siguieran adelante….fueron las que marcaron la vida de Víctor Manuel Ubaldo, joven de 17 años que 19 días de esas declaraciones le disparó por la espalda y lo mató de siete balazos, antes de que él también ser abatido.

Víctor Ubaldo tenía poco más de 10 años de edad cuando inició al gobierno de López Obrador y la reconstrucción. Su adicción a las metanfetaminas fue su punto vulnerable para ceder ante la delincuencia organizada.

Sabían que andaba en malas compañías, pero la familia se preocupó más cuando a finales de octubre desapareció por una semana. Fue reclutado.

Ya no volvieron a saber de él hasta que lo vieron en los videos difundidos por las autoridades: Era el adolescente que se coló entre la población aquella noche del 1 de noviembre en festival de las velas para dispararle al presidente Carlos Manzo y quitarle la vida.

Él apenas dio unos pasos, fue abatido por policías municipales y ha regresado a su casa….pero para ser velado y sepultado.

Carlos Manzo fue asesinado por su propio miedo. Por el miedo que deberíamos sentir la mayoría de los padres y madres de familia al hacernos la pregunta ¿dónde está mi hijo o mi hija esta noche?.

Hoy, como están las cosas, un descuido y puede ser la última noche que los volvamos a ver …

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