Académicos del CUCBA advierten sobre la dependencia de las importaciones, la falta de apoyos al campo y la amenaza a la diversidad genética del grano.
El maíz, base de la alimentación y símbolo de identidad nacional, enfrenta una crisis estructural en México. Profesores del Centro Universitario de Ciencias Biológicas y Agropecuarias (CUCBA) de la Universidad de Guadalajara alertaron sobre los riesgos económicos, sociales y genéticos derivados de la dependencia de las importaciones y de la falta de incentivos al campo mexicano.
En rueda de prensa, la doctora Martha Isabel Torres Morán, directora de la División de Ciencias Agronómicas, y el doctor Salvador Mena Munguía, jefe del Departamento de Desarrollo Rural Sustentable, explicaron que el país atraviesa uno de los momentos más críticos en materia de producción de maíz.
Según cifras oficiales, México importó entre enero y agosto de 2025 alrededor de 16.8 millones de toneladas de este grano, principalmente maíz amarillo transgénico procedente de Estados Unidos, y se estima que las importaciones podrían alcanzar hasta 25 millones de toneladas al cierre del año.
Mena Munguía destacó que el maíz, en especial en forma de tortilla, es parte esencial de la cultura mexicana.
“El maíz está en todas las mesas, sin importar el nivel socioeconómico. Como dijo Jorge Ibargüengoitia, la tortilla es al mismo tiempo plato, cuchara, servilleta y mantel que no es necesario lavar”, recordó.
El académico advirtió que la dependencia de las importaciones supera el 50 %, cuando organismos internacionales como la FAO recomiendan no sobrepasar el 30 %. Esta situación, dijo, pone en riesgo la soberanía alimentaria y agrava las condiciones de los productores nacionales.
“Muchos campesinos están considerando no sembrar el próximo año. Los precios impuestos por intermediarios y la falta de apoyos los desmotivan. Quizás algunos se retiren definitivamente del campo”, afirmó Mena Munguía.
Pese a las quejas del sector agrícola, el especialista consideró inviable abandonar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), ya que este acuerdo permite acceder a grano más barato y mantener la estabilidad del mercado nacional.
“Salirnos del T-MEC sería como actuar como el avestruz. El tratado, de alguna manera, está paliando la crisis. El problema real es que nuestros productores no reciben un pago justo por sus cosechas”, subrayó.
El profesor señaló que otras cosechas, como sorgo, tomate y soya, enfrentan problemáticas similares. En el caso de la soya, el 90 % del consumo nacional depende de importaciones.
Ambos investigadores coincidieron en que el origen del problema es multifactorial, pero recae en gran medida en la reducción de apoyos económicos e infraestructura por parte del gobierno federal. Recordaron que el artículo 27 de la Constitución mexicana establece como deber del Estado fomentar el desarrollo rural integral y garantizar el abasto suficiente de alimentos básicos.
Amenaza a la diversidad genética
La doctora Torres Morán alertó sobre el riesgo que representa la importación de maíz para las variedades endémicas mexicanas.
“La diversidad genética del maíz está en peligro. En el CUCBA hemos documentado variedades originarias del occidente del país que podrían tener usos alimenticios e industriales. Si no las protegemos, podríamos perder un patrimonio biológico invaluable”, advirtió.
Un nuevo intento gubernamental
Los investigadores también se refirieron al Sistema Mexicano de Ordenamiento de Mercado y Comercialización del Maíz, anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum el pasado 29 de octubre. El programa busca establecer precios de referencia, acuerdos entre productores e intermediarios y reglas claras de operación.
Si bien consideraron positiva la propuesta, los académicos pidieron vigilar su implementación, ya que programas similares en administraciones anteriores no cumplieron sus objetivos.