Por Rita Vega
Hoy se conmemora el Día nacional de las mujeres con discapacidad. Me parece importante detenerme en la oración y aclarar que la conmemoración no es sinónimo de felicitación, es, en todo caso, respeto, visibilidad y consideración. Me agrada que hayan hecho uso de la preposición “con”, ya que una condición no determina a la persona, no es toda la persona, es sólo un estado desafortunado.
Pocos son los que conocen la existencia de este día, pocos son los que voltean la mirada y dignifican a las mujeres que forman parte de una minoría. Pocos son los que disponen oportunidades, hacen algo real, para facilitar la vida de quienes definitivamente no gozan de una vida equitativa. ¿En dónde radica la diferencia? En la discriminación y la nula empatía. Voy a ejemplificarlo: gente haciendo uso de los espacios reservados a personas con discapacidad (baños, transporte público, estacionamientos, lugares públicos y privados, etcétera). ¿Te has dado cuenta de cómo personas jóvenes, sin ningún impedimento físico, no respetan estas áreas? Gente que ejerce discriminación interseccional (no otorgando salud pública, empleo digno, educación, esparcimiento y acondicionamiento de espacios seguros) ¿Conoces a alguien que haya sido rechazado (o no tomado en cuenta) de un trabajo sólo por no ser la imagen ideal para una empresa? ¿Fuiste testigo de cómo alguien no pudo acceder a un evento simplemente porque no estaba adaptado el sitio? Gente que desprecia e ignora a otra con discapacidad (motora, sensorial, auditiva, visual, cognitiva) por no cumplir sus expectativas de amistad o relaciones amorosas. ¿Sabes de alguna mujer desechada por su pareja por carecer de un ojo, una pierna o fuerza? Podría pasar toda la noche citando ejemplos, podría informarte que las mujeres que sufren discapacidades son considerablemente más propensas al abandono y vulnerabilidad. Que
casi el 20% de las madres en México padecen limitaciones. Podría explicarte que más del 72% de estas mujeres, mayores de 15 años, ha sufrido algún tipo de violencia a lo largo de su vida. Te diría que casi la mitad, el 48% ha sido abusada física y sexualmente, ha sido esterilizada a la fuerza. Te contaría que nuestras niñas con discapacidad no disponen de acceso igualitario a servicios de salud, limitando su autonomía y aumentando su dependencia. Te sorprenderías, tal vez, al conocer que del 2008 al 2017, solamente el 0.13% del presupuesto para capacitación judicial se destinó a derechos de personas con discapacidad, lo que refleja la magnitud de la desatención institucional .
En México hay aproximadamente 3.2 millones de mujeres con discapacidad (53% del total de personas con discapacidad). El 45.9% de las niñas y mujeres adolescentes (0-17 años) viven en pobreza, y 10% en pobreza extrema. Las mujeres con discapacidad en este país enfrentan un riesgo elevado de abandono y violencia, una vulnerabilidad que no se explica nada más por un factor, sino por todos los matices de la segregación. Esta surge de la combinación de su condición de género, discapacidad y, frecuentemente, pobreza o pertenencia a grupos marginados. La falta de datos específicos sobre el maltrato refleja la invisibilidad de esta problemática. Si bien existen programas de “apoyo”, resultan insuficientes ante un contexto de falta de acceso a la justicia, el desamparo institucional y las profundas barreras socioeconómicas. La solución de esta problemática requiere de políticas públicas que provean protección verdadera. Depende también de las acciones y posturas personales, de quiénes somos, de lo que hacemos por y con los demás.
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