Jalisco se ha convertido en el estado con mayor generación distribuida de energía solar en todo el país. Esto significa que más hogares, negocios e industrias están produciendo su propia electricidad mediante paneles solares, lo cual reduce su dependencia de la red eléctrica nacional. En cifras, el estado ya suma más de 90 mil sistemas solares conectados y casi 659 megawatts instalados, lo que representa el 15% de toda la capacidad instalada en México, según datos recientes de la Comisión Reguladora de Energía (CRE).
Sin embargo, este avance no está llegando parejo a todos los sectores de la población. Mientras las cifras oficiales destacan los logros tecnológicos, muchas familias aún no pueden acceder a este tipo de energía por los altos costos iniciales, la falta de financiamiento o el desconocimiento de los programas de apoyo.
Paneles solares: ¿realidad o privilegio?
El crecimiento de la llamada generación distribuida ha sido más visible en zonas urbanas y sectores industriales, donde existen mejores condiciones para invertir en tecnología solar. Empresas con capital pueden instalar paneles, recuperar la inversión en pocos años y reducir sus costos operativos.
Pero no ocurre lo mismo en colonias populares o comunidades rurales. “Se habla de miles de sistemas instalados, pero en mi comunidad nadie tiene paneles, ni siquiera conocemos cómo acceder a un programa que nos ayude”, comenta Cecilia Ramírez, habitante de una zona periférica de Tlajomulco. Aunque el gobierno presume programas de apoyo, como el Fondo para el Impulso Energético Sustentable, sólo 18 proyectos de pequeñas y medianas empresas han recibido ayuda económica, con una bolsa total de apenas 1.5 millones de pesos.
Más beneficios para quien ya tiene
Otro punto crítico es que gran parte del beneficio de esta transición energética está concentrado en quien ya tiene infraestructura, dinero o acceso a crédito. Los grandes beneficiados son comercios, industrias y viviendas de nivel medio o alto. “Hoy instalar paneles sigue siendo una inversión inaccesible para muchas familias. Mientras no se democratice el acceso, el desarrollo será para unos cuantos”, afirma un académico del ITESO consultado por este medio.
Incluso con el avance tecnológico, que ha abaratado el costo de los paneles en los últimos años, se siguen requiriendo entre 50 mil y 120 mil pesos para instalar un sistema doméstico básico. La mayoría de los apoyos se destinan a empresas o negocios formales, y no hay suficientes mecanismos de financiamiento público para sectores vulnerables.
¿Liderazgo con letras pequeñas?
El Gobierno de Jalisco destaca que existen más de mil 200 empresas involucradas en el sector de la energía solar en el estado. Desde instaladores hasta proveedores de software, este ecosistema ha sido impulsado por la ubicación geográfica privilegiada del estado, que recibe buena cantidad de radiación solar.
También se han impulsado reformas que benefician a quienes buscan consumir su propia energía, como el aumento del límite de capacidad sin permiso, de 500 a 700 kilowatts, y nuevas reglas que permiten autoconsumo hasta los 20 megawatts.
Pero estos avances han sido criticados por expertos que advierten una sobreconcentración de beneficios para sectores industriales o de alto consumo. En otras palabras: es más fácil para una empresa acceder a tecnología solar que para una familia de bajos recursos, aunque ambas sean parte de la misma estrategia estatal.
La brecha entre el centro y el interior del estado
Otro tema pendiente es la desigualdad territorial. Aunque Guadalajara, Zapopan y municipios del área metropolitana concentran la mayoría de los sistemas solares, muchas localidades del interior de Jalisco aún dependen por completo de la red eléctrica convencional, y algunas ni siquiera tienen servicio continuo.
“El liderazgo que se presume en números no se traduce en una política equitativa. Hace falta descentralizar los beneficios y facilitar que comunidades rurales también puedan producir su propia energía”, señala una profesora del Tecnológico Superior de Jalisco.
Formación técnica, sí; pero ¿para quién?
El gobierno también presume que instituciones como la Universidad de Guadalajara, el ITESO y el Tecnológico de Jalisco están formando talento en temas de electrónica, energías limpias y sistemas solares. Sin embargo, la formación de técnicos e ingenieros no siempre se acompaña de oportunidades laborales bien remuneradas o estables. Jóvenes que terminan carreras técnicas en estas áreas muchas veces terminan subcontratados o trabajando fuera del estado.
¿Y el objetivo 2030?
Jalisco tiene como meta expandir la generación distribuida, fomentar el almacenamiento en sitio y reforzar su resiliencia energética para el año 2030. Pero para que este plan no se quede sólo en metas de papel, es urgente ampliar el alcance de los programas públicos, garantizar acceso a financiamiento para sectores marginados y exigir transparencia en la asignación de apoyos.
Porque si bien el avance tecnológico es positivo, no puede convertirse en una vitrina donde sólo se ve el brillo del progreso y se ocultan las sombras de la exclusión.