Jalisco. Aunque el Consejo Estatal de Seguridad Pública (CESP) impulsa iniciativas para promover la educación no sexista y la cultura de paz en el servicio público, persisten dudas sobre la profundidad y el alcance de estas acciones, que parecen quedarse en ejercicios aislados y de bajo impacto.
El pasado viernes, el CESP organizó un cine-debate en el Cine Museo Cabañas, con la participación de 90 servidores públicos de 18 municipios del estado. La actividad, que coincidió con el Día Internacional de la Educación No Sexista, tuvo como eje la proyección de Close (2022), una película que explora los efectos de los estereotipos de masculinidad en la adolescencia.
El evento fue presentado como una oportunidad para que policías, personal de prevención del delito y representantes de instituciones con contacto directo con niñas, niños y adolescentes reflexionaran sobre la importancia de su rol en la construcción de una cultura libre de violencia. Sin embargo, el formato de la actividad —un cine-debate de un par de horas— abre la pregunta sobre si este tipo de ejercicios son suficientes para transformar prácticas institucionales arraigadas o si se limitan a ser eventos simbólicos que no generan cambios estructurales.
Lorena López Guízar, Secretaria Ejecutiva del Consejo Estatal de Seguridad Pública, exhortó a los asistentes a replicar estos aprendizajes en sus comunidades, pero no se presentó un seguimiento claro ni una metodología que garantice que la reflexión se traduzca en acciones concretas.
El experto invitado, Gabriel Molina Huerta, habló de la urgencia de promover la ternura y el cuidado desde la función pública, pero tampoco quedó claro cómo estos conceptos, que requieren cambios profundos en la formación y la operación del servicio público, serán integrados en la práctica diaria de las dependencias.
La actividad parece alinearse con las agendas estatales de prevención, pero no resuelve un problema de fondo: el sistema de seguridad pública en Jalisco sigue operando con una estructura que prioriza la reacción antes que la prevención y donde los cuerpos policiales, frecuentemente señalados por prácticas discriminatorias y uso excesivo de la fuerza, no siempre cuentan con formación especializada en temas de género, masculinidades y derechos de la infancia.
La participación de municipios como Zapopan, Guadalajara y Tepatitlán de Morelos es relevante, pero aún se desconoce si estos encuentros tendrán continuidad o si quedarán como eventos aislados en el calendario institucional. Tampoco se informaron mecanismos de evaluación que midan el impacto de estas capacitaciones en la atención diaria a la ciudadanía.
Organizaciones civiles especializadas en derechos humanos han señalado que las capacitaciones esporádicas no garantizan un cambio de fondo y advierten que, mientras no exista una política integral con presupuesto asignado, indicadores de seguimiento y procesos de formación permanente, estas acciones seguirán siendo esfuerzos limitados frente a la magnitud de la violencia y la discriminación que persisten en el estado.
El Consejo Estatal de Seguridad Pública destacó la presencia de instituciones como SIPINNA Jalisco, el Hospital Civil de Guadalajara y la Universidad de Guadalajara, pero en la práctica, la colaboración interinstitucional suele diluirse cuando no existen rutas claras para la implementación y la medición de resultados.
El compromiso con la educación no sexista y la cultura de paz en Jalisco, aunque relevante, necesita transitar de las buenas intenciones a las políticas públicas efectivas y sostenidas. Los foros, talleres y cine-debates pueden abrir espacios de reflexión, pero sin un trabajo profundo en el rediseño de los programas de prevención y la transformación de las prácticas policiales, es poco probable que estos esfuerzos generen cambios tangibles en la vida cotidiana de las niñas, niños y adolescentes.
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